Exilios sudamericanos en México: los casos argentino y chileno

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Exilios sudamericanos en México: los casos argentino y chileno

Claudia Fedora Rojas Mira[1]

: 21-03-2014

Resumen: El presente texto tiene por objetivo establecer algunos puntos de comparación entre el “exilio chileno” y el “exilio argentino” en México y de esta manera reforzar y remarcar las especificidades y la excepcionalidad que tuvo el caso chileno en el contexto mexicano. Así como también establecer las coincidencias, similitudes y diferencias que los caracterizaron en ese momento histórico y cómo fue la resolución de cada uno de ellos, una vez que en sus respectivos países se transitó hacia la democracia.

Palabras clave: exilios, cono sur, argentinos, chilenos, gobierno mexicano.

 

A raíz del golpe militar en Chile, el 11 de septiembre de 1973 y la consiguiente instauración de la dictadura (1973-1990), México fue uno de los países latinoamericanos que dio acogida a un grupo específico de chilenos -la mayoría militantes de los partidos políticos de la izquierda chilena, que incluyó a miembros de todos o casi todos los partidos de la Unidad Popular (UP) y a integrantes del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR)- y sus familias. Estos llegaron a la Ciudad de México, a través de dos vías principales: el asilo diplomático en la Embajada de México en Santiago y su expulsión después de permanecer durante un lapso variable en la cárcel y/o en campos de concentración.

Por su parte el embajador mexicano en Argentina, Roque González Salazar, reportó dos hechos interesantes de contemplar, en entrevista con el presidente Echeverría. Este último le habría dado instrucciones muy precisas respecto del asilo diplomático; primero:

[…] se aproximan momentos difíciles quizá para la Argentina, queremos que Ud., recuerde que la política nuestra, la política de México, ha sido siempre de puertas abiertas y de generosidad, queremos que la señora de Perón, la señora presidente que había tomado ya posesión, usted la convenza que queremos que venga a una reunión importante sobre la mujer, qué era, no recuerdo exactamente qué acontecimiento, pero que él tenía un interés especial en que ella, como la única mujer presidente en América Latina, estuviera presente (Buriano Castro, 2000: 38).

El segundo hecho reportado, en un informe a la Cancillería, por el embajador mexicano dice relación con el contexto del golpe de Estado en Argentina:

[…] En nuestra embajada se han presentado muchos casos de solicitudes de asilo, los cuales se han estudiado con el debido cuidado y en su mayoría se han contestado negativamente. Se trata sobre todo de personas que han sido cesadas en sus puestos dentro de la Administración Pública o en empresas que por su función o estatuto han sido intervenidas por el gobierno militar (universidades, institutos, sindicatos, empresas de servicios públicos, etc.). En muchos de estos casos resulta obvio que la causa del cese ha sido exclusivamente la de la filiación política del cesado. Se trata a veces de casos muy claros de personas hostilizadas por ostentar ideas políticas distintas a las del gobierno en el poder, o por considerarlos enemigos en potencia. Pero en general, no han podido aportar los solicitantes otros indicios que lleven a suponer que la hostilización  en su contra va a continuar hasta poner en peligro su libertad o su vida, y mucho menos que dicho peligro sea inminente. Por lo tanto, con todo y lo conmovedores y lamentables que resultan muchos de esos casos, se ha tenido que negar por no reunir todos los requisitos que se requieren para conceder asilo (Buriano Castro, 2000: 39).

En el caso de Argentina, desde antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la violenta situación política potenciada por la organización paramilitar Triple A, fundada por el secretario particular de Perón, motivó a un número significativo de argentinos a solicitar asilo en la embajada de México. Desde 1973 y hasta la fecha del golpe de Estado en Argentina, la Triple A había asesinado a poco más de mil quinientas personas. (Steinsleger, 2011) Como la ruptura institucional formal no se había producido, muchas de estas solicitudes de asilo fueron descartadas por la Embajada mexicana. No obstante en 1974 llegaron los primeros migrantes políticos argentinos. De este primer grupo, algunos eran peronistas de izquierda que habían colaborado en el corto gobierno de Héctor Cámpora[2] y otros guardaban simpatías hacia el movimiento político-militar Montoneros. Entonces, a partir de ese año y antes del golpe, una veintena de argentinos aterrizaron en México (Yankelevich, 2004: 189).

Imagen 1. Manifestación política solidarizando con causa exiliados chilenos en monumento a Benito Juárez, México D.F.
Imagen 1. Manifestación política solidarizando con causa exiliados chilenos en monumento a Benito Juárez, México D.F.

Tanto en el caso chileno como en el argentino, los migrantes políticos arribaron en oleadas diferentes.En el caso de los chilenos la primera oleada llegó en el año 1973, a raíz del golpe de Estado que instauró una dictadura de diecisiete años (1973-1990).

En el caso de los argentinos la primera oleada, de carácter preventivo, aterrizó en 1974, posteriormente siguieron viniendo a México ciudadanos de esa nacionalidad. A partir del golpe de Estado de 1976, su número se incrementó significativamente. La dictadura argentina tuvo una duración de ocho años (1976-1983). El tiempo en que Chile y Argentina estuvieron bajo dictaduras militares, obligó a los ciudadanos de esos países a permanecer en México durante, más o menos los sexenios siguientes: Luis Echeverría (1970-1976), José López Portillo (1976-1982), Miguel de la Madrid (1982-1988) y Carlos Salinas (1988-1994).

Habría mucho que decir y explicar acerca de las experiencias de estos exilios considerando el tiempo transcurrido, los acontecimientos de México en ese lapso y las singularidades de tales sexenios. Hay que contemplar, además, el contexto internacional y las coyunturas políticas de Chile y Argentina, lo que francamente excede las posibilidades del presente texto. Por tanto nos avocaremos a perfilar, grosso modo, las características más relevantes, marcando sus diferencias y semejanzas.

A continuación, para referirnos a esta migración política de chilenos y argentinos, hablaremos de exilio chileno y exilio argentino, puesto que es lo que nos interesa conocer y analizar y porque un número importante de ellos se transfiguró en exiliados.

Un hecho compartido, por ambos exilios, fue que dentro de sus filas hubo un número importante de académicos, intelectuales, profesionales y políticos de alto nivel. También, se verificó el desarrollo de relaciones políticas, académicas, profesionales e intelectuales previas a los golpes de Estado y que durante los años de exilio se intensificaron y se constituyeron en importantes redes de contactos y apoyo mutuo, del que ambos grupos se beneficiaron.

Los vínculos entre Chile y México son anteriores a 1973: por ejemplo, con los proyectos de independencia y autonomía del siglo XIX; en la siguiente centuria con las estancias de Gabriela Mistral, entre 1922-1924 y 1948-1950 (Cano, 1996) y Pablo Neruda en México, en los años cuarenta; así como la visita de José Vasconcelos a Chile, del 30 de octubre al 4 de noviembre de 1922 (Fell, 1989); hasta la visita de Salvador Allende a México, en diciembre de 1972.

No es una casualidad que este grupo específico de chilenos aterrizara en México; para comprender la llegada de tales exiliados políticos a una de las ciudades más pobladas de Latinoamérica y del mundo hay que reparar en la relación que se estableció entre los presidentes Luis Echeverría (1970-1976) y Salvador Allende (1970-1973), ésta sentó las bases para la posterior acogida en México. Echeverría era un gran admirador de Allende. Además, había transcurrido poco tiempo desde la histórica visita del presidente chileno a México. Esa visita fue importantísima y bastante difundida por los medios de comunicación de la época. Desde entonces, en México se aludió con frecuencia al discurso pronunciado por Salvador Allende en la Universidad de Guadalajara. En tiempos de la UP, intelectuales y académicos mexicanos habían estrechado vínculos con intelectuales y académicos chilenos, a modo de ejemplo la relación entre Pablo González Casanova –ex rector de la UNAM- y Pedro Vúskovic –ex funcionario de la CEPAL y ex ministro de Economía del gobierno de Salvador Allende-. En la misma línea, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), con sede en Santiago, constituida por chilenos, uruguayos, brasileños y argentinos, entre otros, formaron a intelectuales mexicanos que tuvieron participación en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante varias décadas. Cuadros económicos apreciados por el gobierno de México. La CEPAL desarrolló una importante labor de docencia a través del Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES), recibiendo a estudiantes de toda América Latina y por supuesto de México, quienes en su estadía estrecharon lazos con profesores e investigadores de la CEPAL. Tales vínculos posibilitaron la apertura de las instituciones universitarias mexicanas para los intelectuales, investigadores y académicos chilenos que se exiliaron en México.[3]Por eso mismo la revolución chilena encontró en México un gran apoyo. Otro actor relevante fue el embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, un hombre de la línea “progresista” dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Martínez Corbalá había establecido excelentes relaciones con los dirigentes de la UP.

Imagen 2. En 1977 visita México Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista Chileno (PCCh), exiliado en la URSS. En la foto, ofrenda a los héroes mexicanos. Con el paraguas, Luis Enrique Délano, escritor chileno, quien trabajaba en Casa de Chile dirigiendo el Departamento de Prensa y Difusión (militante, también, del PCCh).
Imagen 2. En 1977 visita México Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista Chileno (PCCh), exiliado en la URSS. En la foto, ofrenda a los héroes mexicanos. Con el paraguas, Luis Enrique Délano, escritor chileno, quien trabajaba en Casa de Chile dirigiendo el Departamento de Prensa y Difusión (militante, también, del PCCh).

En fin, hubo por una parte razones históricas, políticas, culturales y académicas y por otra, alianzas personales que jugaron un papel determinante en el apoyo que brindó México al exilio chileno. Por las razones que se acaban de señalar, más el enorme prestigio de Allende como líder político del continente, su muerte y los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973 que conmovieron fuertemente y tuvieron un efecto importante en la sociedad mexicana, se desplegó una notable solidaridad para con los emigrantes políticos chilenos y una fuerte crítica en contra de la Junta Militar. Las autoridades mexicanas refrendaron su tradicional política de asilo y protección a perseguidos por razones ideológicas.

En el caso argentino,

[…] Los intercambios y las mutuas simpatías se habían dado, desde mucho antes, en los ámbitos de la cultura. La música, el cine, el teatro y la radio a partir de las décadas de 1920 y 1930 consagraron como propias y queridas a figuras de talento y carisma de uno y otro país. Cantinflas, Pedro Infante y Agustín Lara desde México; Luis Sandrini, Enrique Santos Discépolo, Libertad Lamarque y las revistas Billiken o El Gráfico desde Argentina fueron verdaderos valores de intercambio. Las industrias cinematográficas de ambos países consolidaron arquetipos nacionales y, en el plano de la literatura y las ciencias sociales, se hicieron comunes a ambas naciones los nombres de intelectuales como José Vasconcelos, Alfonso Reyes, José Ingenieros, Alfredo Palacios, Jorge Luis Borges, Arnaldo Orfila Reynal, Juan Rulfo y Octavio Paz, entre muchos otros.

En 1974, con la visita del presidente Luis Echeverría a Buenos Aires y con las designaciones del ex presidente Héctor Cámpora y del ex ministro Ángel Robledo como sucesivos embajadores argentinos en México, se había establecido un fuerte acuerdo político.(Bernetti y Giardinelli, 2003: 94)

Respecto al ámbito artístico e intelectual mexicano vinculado con la realidad argentina, como se constata en la cita anterior con la mención de diversas personalidades, se hace necesario relevar la presencia del dominicano Pedro Henríquez Ureña, quien contribuyó a la relación entre ambos países en dicho ámbito. Henríquez Ureña vivió en México y en los últimos años de su vida en Buenos Aires, en donde cultivó la amistad con Jorge Luis Borges.

Como ya se comentó, la primera oleada de carácter preventivo llegó en 1974 y estuvo conformada por colaboradores del breve gobierno de Héctor Cámpora y peronistas de izquierda más o menos cercanos a Montoneros. Dentro de ellos el intelectual Rodolfo Puiggrós, historiador, periodista y político de la izquierda, ex rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA); Esteban Righi, ministro del interior en el gobierno de Héctor Cámpora; Ricardo Obregón Cano, ex gobernador de la provincia de Córdoba; Adriana Puiggrós, pedagoga y ex decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA; Raúl Laguzzi, ex rector, también, de la UBA; Enrico Stefani, científico, y su esposa Mara Lamadrid, psicoanalista; Ignacio Maldonado, psicólogo; Mimi Langer, renombrada psicoanalista; Nacha Guevara, cantante; Pedro Orgambide, escritor; Jerónimo Podestá, sacerdote y el propio Héctor Cámpora, que regresó a Buenos Aires a mediados de 1975. También, en este primer grupo destacó el profesor y literato Noé Jitrik y su esposa, Tununa Mercado, periodista y escritora. Jitrik, militante de izquierda no peronista, había recibido una invitación académica de El Colegio de México, centro de investigación y docencia superior del más alto nivel, heredero de la Casa de España que habían fundado importantes intelectuales españoles llegados a México producto de la Guerra Civil Española. (Yankelevich, 2004: 189). Ahora bien, las figuras emblemáticas del exilio argentino en México fueron Rodolfo Puiggrós y Noé Jitrik, el primero logró reconocimiento tanto en el espacio académico e intelectual mexicano como en las instancias políticas, mientras que el segundo fue un destacado ensayista y novelista sin militancia política definida.

Si bien el exilio argentino en un primer momento fue un exilio de personalidades, por las puertas abiertas a éstas lograron pasar muchos otros emigrantes políticos desde la Argentina, de más bajo perfil. En este contexto hay que destacar a los periodistas, que constituyeron un segmento importante del mundo intelectual argentino que se estableció en México.

Imagen 3. Fachada exterior de la Casa de Chile en México, en calle Mercaderes N° 52, México D.F. año 1992.
Imagen 3. Fachada exterior de la Casa de Chile en México, en calle Mercaderes N° 52, México D.F. año 1992.

Rodolfo Puiggrós vivió en México entre 1961 y 1965, en ese lapso tejió una red de relaciones con destacados políticos y académicos mexicanos: Vicente Lombardo Toledano, fundador de la Confederación de Trabajadores de México (CTM); Enrique Ramírez y Ramírez, periodista y fundador del periódico El Día; Pablo González Casanova, sociólogo y ex rector de la Universidad Autónoma de México (UNAM); Jesús Silva Herzog, economista; Gastón García Cantú, historiador y periodista. Esta primera estadía, facilitó su reinserción en el medio mexicano de los años setenta, incorporándose como columnista de la sección internacional de El Día –también se incorporó a este medio el destacado periodista Gregorio Selser- y como académico de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Igualmente se vinculó con el presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y con Jesús Reyes Heroles, Secretario de Gobernación (Ministro del Interior) del presidente José López Portillo (1976-1982). Hay que destacar que el periódico El Día se constituyó en una tribuna para dar a conocer lo que aconteció en tiempos de la dictadura argentina y difundir las acciones de los exilios políticos, no sólo el argentino, sino también los otros exilios del cono sur (Yankelevich, 2004: 190).

Por su parte, Noé Jitrik, aportó con otros tantos vínculos con prestigiosas personalidades del medio mexicano, sobre todo de El Colegio de México. La situación privilegiada, tanto de Puiggrós como de Jitrik fue canalizada a favor de importantes iniciativas y organizaciones colectivas que desarrolló el exilio argentino en México.

En seguida revisaremos las principales organizaciones de los exiliados chilenos y argentinos: El elemento de cohesión grupal del exilio chileno  fue, por excelencia, la Casa de Chile en México fundada el 11 de septiembre de 1974 y que en 1978 se constituyó en asociación civil.

[…]  La autorización legal para su existencia fue otorgada el 7 de marzo de 1978, por la Secretaría de Relaciones Exteriores, Dirección General de Asuntos Jurídicos, con el Nº 07766, Expediente 609109. Esta autorización determinará entre otros aspectos que: Todo extranjero que participe de la asociación será considerado como mexicano para efectos de la ley y que no deberá invocar la protección de su gobierno. La autorización para su existencia es de 50 años…[4]

Dicha institución se creó por iniciativa de Pedro Vúskovic Bravo y a partir de una decisión política del gobierno mexicano, que encabezaba Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), respaldada por un grupo potente de intelectuales y personalidades mexicanas.

Desde un inicio quedó establecido por el gobierno de México que ni el exilio chileno, ni cualquier otro, podría intervenir en los asuntos mexicanos, ni en palabras ni en actos. Recordemos que la Constitución de 1917 establecía en el capítulo III, de los extranjeros, artículo 33 lo siguiente:

Son extranjeros los que no posean las calidades determinadas en el artículo 30. Tienen derecho a las garantías que otorga el capítulo I, título primero, de la presente constitución; pero el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente.

Los extranjeros no podrán, de ninguna manera, inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

Las autoridades de la Casa de Chile y los dirigentes políticos de la UP en el exilio cuidaron de no participar de ninguna forma en asuntos de política mexicana

[…] debería tenerse cuidado con la intervención espontánea de compañeros invitados en forma directa a participar en actos por Chile. En rigor, nadie debería participar en ellos sin dar aviso a su partido y a la UP. Es frecuente en actos como estos la intervención de amigos que, inocentemente o no, desean embarcar a los participantes chilenos en manifestaciones contra el gobierno mexicano o en expresiones de grupos ultra cuyos planteamientos no coinciden con los de la UP.[5]

Según un informe de Casa de Chile, elaborado en el año 1983, esta contó con la siguiente estructura directiva: El patronato[6]de Casa de Chile, el poder supremo de la Asociación residió en este. Al patronato le correspondió la alta función de supervigilar el desarrollo de las actividades de Casa de Chile en el cumplimiento de los objetivos y fines de la institución. Debió aprobar el presupuesto anual y acordar la política general de Casa de Chile; el Presidente del Patronato, -que en 1983 era el Ing. Gonzalo Martínez Corbalá, embajador de México en Chile para el golpe de Estado de 1973-;  el  Director, el  Subdirector y los Asociados

Al patronato, integrado generalmente por 20 miembros, entre ocho personalidades mexicanas y doce chilenas[7], le correspondió aprobar el presupuesto anual y nombrar al Director/a de la Institución, asimismo consentían la nómina y el organigrama de funcionamiento de la institución, entre otros asuntos. Financiera y administrativamente La Casa de Chile en México, A.C., dependía de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México y era coordinada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA). Estos organismos aprobaban también el presupuesto anual y otorgaban un subsidio mensual. El presupuesto de Casa de Chile provino de la Secretaría de Educación Pública, a través de la Subsecretaría de Cultura y Recreación.

Imagen 4. Niños y niñas del exilio chileno en México. En Escuela de Verano en la sede de Casa de Chile en México, México D.F. julio-agosto 1982. En la foto, aprendiendo a hacer títeres.
Imagen 4. Niños y niñas del exilio chileno en México. En Escuela de Verano en la sede de Casa de Chile en México, México D.F. julio-agosto 1982. En la foto, aprendiendo a hacer títeres.

En este punto hay que destacar que el financiamiento y otras formas de ayuda solidaria al exilio chileno existieron desde el comienzo. Por ejemplo, cuando arribaron los primeros grupos y fueron hospedados en los hoteles contratados por el gobierno mexicano, contaron con comida, ropa, medicamentos, útiles para el aseo personal y dinero para movilizarse dentro de la Ciudad de México, con el fin de buscar trabajo o realizar trámites en las instituciones estatales que estaban destinadas a prestarles ayuda. Una vez que la Casa de Chile se organizó, el financiamiento fue canalizado a través de ella, pero la ayuda económica estuvo desde el inicio. No obstante hay que subrayar que la “época de oro” del exilio chileno en México, desde todo punto de vista, sobre todo económico, fue en el período de Luis Echeverría. En los sexenios posteriores el financiamiento y el apoyo a las acciones del exilio continuó, pero en ocasiones hubo ciertos desajustes.[8]  Por ejemplo, en noviembre de 1979, el escritor Luis Enrique Délano, Encargado de Difusión dentro de la Casa de Chile, le escribía una larga carta a Gustavo Carvajal Moreno, Presidente del Comité Ejecutivo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), señalándole en uno de sus últimos párrafos lo siguiente:

[…] conociendo su buena disposición para con la causa del pueblo chileno, rogamos a usted interponer sus buenos oficios para ver la posibilidad que el programa radial “Noticias y cantos de Chile” sea repuesto y continúe cumpliendo el papel que hasta ahora ha sido tan útil para el pueblo chileno […][9]

En 1978 el aporte del gobierno mexicano fue de $ 296.000 (doscientos noventa y seis mil pesos mexicanos) mensuales, para tener una idea aproximada de lo que esto significaba diremos que en julio de 1977, $ 23.00 (veintitrés pesos mexicanos) equivalían a US $ 1.00 (un dólar). Con base en este dato de 1977, $ 296.000  igualaban a US $ 12.870 (doce mil ochocientos setenta dólares). Para 1983 el presupuesto mensual fue de $ 308.333 (trescientos ocho mil trescientos treinta y tres pesos mexicanos).[10]

La Casa de Chile A.C. utilizó ese dinero para costear el arriendo de un local en donde funcionar, sueldos, teléfonos, mantención, reparaciones, publicar materiales que llamaran la atención de la comunidad mexicana e internacional sobre los sucesos de Chile y llevar a cabo tareas de apoyo a la resistencia contra la dictadura de Augusto Pinochet. Había correspondencia y telegramas permanentes con todos aquellos países que habían recibido exiliados chilenos (Berlín, Roma, La Habana, Caracas, Bogotá, Montevideo, Helsinki, Moscú, Viena, París, Londres, etcétera). En este sentido, fue muy importante el “cabildeo” que realizó el exilio chileno en México (y en otros países) con los organismos internacionales para mantener la vigilancia de los Derechos Humanos y conseguir que la Asamblea General de la Organización de  Naciones Unidas (ONU) declarara, por amplia mayoría, la violación de estos derechos por el régimen de Pinochet a través de quince condenas sucesivas, lo cual significó también el aislamiento internacional de la dictadura militar chilena.

La organización de la Casa de Chile estuvo conformada por varias instancias: lo que fue el personal encargado de la Administración y Coordinación, la Secretaría Ejecutiva para América de Solidaridad con el Pueblo de Chile, la Comisión Sindical Chilena en México, el Frente de Mujeres Chilenas en México, el Frente Juvenil Chileno y el Centro de Estudios Militares “General Carlos Prats”. Estas se constituyeron en los frentes de trabajo del exilio chileno en México. Sobre la Secretaría Ejecutiva para América de Solidaridad con el Pueblo Chileno, es pertinente señalar que coordinaba innumerables actividades del exilio chileno localizado en distintas partes del mundo, a través de los llamados Comités Nacionales que contaban con dirigentes o personas responsables específicos.

Casa de Chile no se constituyó en una instancia de influencia en la sociedad mexicana, sólo impactó a los sectores más politizados de esta. Ello se explica, en parte, porque la institución fue un lugar de los partidos políticos que se repartieron cuotas de poder al interior de la misma y desde allí realizaron sus actividades particulares. Se mantuvieron fuertemente vinculados a lo que pasaba en Chile, tratando de incidir desde afuera por medio de la denuncia y la solidaridad, utilizando los foros internacionales para buscar apoyo. Porque siempre pensaron que estaban de paso y que de un momento a otro retornarían a Chile.

Ciertas características de la sociedad chilena se trasladaron al exilio y, en ese sentido, la izquierda no estuvo exenta de prejuicios como: el clasismo, el racismo y el sexismo imperante en la sociedad que integraban. Así, al interior de la Casa de Chilehubo jerarquías sociales y políticas.

Hay que recordar que a México llegó un número importante de personalidades vinculadas, directamente, al gobierno de la UP: la familia de Salvador Allende encabezada por Hortensia Bussi su viuda, políticos de carrera (senadores y diputados) e intelectuales destacados de las Universidades chilenas. Si bien durante el gobierno popular Hortensia Bussi de Allende ostentó cierto protagonismo en calidad de Primera Dama de la Nación, fue con ocasión de su exilio en México que su talento político se volvió preponderante, se reforzó y se legitimó a nivel internacional. Estableció y mantuvo contactos y relaciones internacionales al más alto nivel, lo que se tradujo en muchísimas invitaciones de diversos lugares del mundo e intercambio epistolar con personalidades de la política internacional y la cultura, como por ejemplo Javier Pérez de Cuellar, Jaime Lusinchi, Felipe González, François Mitterrand, Belisario Betancourt, Enrico Berlinguer, Regis Debray, Andreas Papandreu, Fidel Castro, Melina Mercouri y Leonel Jospin, entre muchas otras.

Otro rasgo importante a remarcar es que en la Casa de Chile se dio la división partidaria y el exilio se organizó de acuerdo a partidos políticos. El Partido mayoritario del exilio fue el Socialista (PS), le siguieron el Comunista (PC), el Partido Radical (PR) y otras instancias menores como el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), la Izquierda Cristiana (IC) y el MAPU.

[…] solamente del PS había más de 100 abogados en México…exiliados…la gran masa de exiliados era socialista y profesional…y de esos la gran masa era abogado…yo creo que entre socialistas y sus familias no sumaban más de 1.000 personas… por lo menos la mitad del exilio…el grueso que llegó aquí era socialista o independiente de izquierda…la participación de los otros partidos…en número…era muchísimo menor.[11]

Aunque el Partido Radical (PR) fue pequeño en el exilio, estableció contactos importantes con las autoridades y políticos mexicanos, en parte por su postura social demócrata y, también, por sus nexos con la masonería a nivel internacional. Anselmo Sule, militante del PR y senador por su partido bajo el gobierno de la UP fue por esos años Vicepresidente de la  Internacional Socialista y utilizó todos sus vínculos a nivel internacional para agitar la causa democrática contra la dictadura.

Inicialmente, la presidencia de la Casa de Chile la ocupó su gestor intelectual, Pedro Vúskovic Bravo (socialista), 1974-1976, quien fue reemplazado por Hugo Miranda Ramírez (militante radical), presidente en el lapso 1976-1989 y después por Galo Gómez Oyarzún (socialista), presidente desde 1989 hasta 1993, año del cierre de esta institución.

[…] fui dirigente de los socialistas en el exilio…éramos como 500 aquí en México…la Casa de Chile fue una buena experiencia para el exilio chileno…ahí se reunía todo el exilio de América Latina…ahí se organizaban reuniones de carácter mundial…con ayuda económica de las universidades mexicanas, de los sindicatos, de los partidos políticos…la solidaridad mexicana era muy fuerte…el PRI, el PSUM… ¡todos! …hasta gente de Acción Nacional -se refiere al PAN, partido de derecha que ha tenido como presidentes de la República a Vicente Fox (2000-2006) y a Felipe Calderón (2006-2012)- fueron una vez a la Casa de Chile a presentar su solidaridad con motivo de…ya no me acuerdo… ¡fue una gran experiencia![12]

En cuanto al MIR, que no integraba la U.P., desde un inicio participó en la Casa de Chile, porque tal institución fue el centro de operaciones de la izquierda chilena exiliada en México. Para mayor abundamiento,  el siguiente testimonio:

[…] Cuando yo llegué en 1977 ya era así –el MIR participaba en la Casa de Chile-. El exilio de México era muy politizado y, también, muy jerárquico. El MIR formó en México un grupo de base muy importante. Llegaron a tener cientos de personas organizadas a través de los comités de resistencia (fundamentalmente en la UNAM) que ellos dirigían. Así que era un partido muy fuerte, no me imagino al MIR fuera de la Casa Chile. Eran respetados como otro partido más, sin distinciones. Aquí quizás habría que incorporar que la Casa de Chile la dirigía el Partido Radical. El PR era en la práctica muy pro-miristas. Allí llegó don Edgardo Enríquez, por ejemplo, padre de Miguel Enríquez…entonces nunca hubo discriminación al MIR, al contrario. [13]

Con el advenimiento de la nueva situación política, el tránsito de la democracia en Chile a partir de 1990, y la consecuencia que esta situación provocó en el exilio, es decir, el regreso a Chile de muchos connacionales, la institución tuvo que ir asumiendo –paulatinamente- esa nueva realidad. Se creó una comisión ad-hoc encargada de preparar un anteproyecto destinado a proponer al Patronato las modificaciones y adecuaciones necesarias para cambiar los objetivos que inspiraban la acción de ese organismo y aprovechar su infraestructura, experiencia y valioso acervo para recuperar, fortalecer y dinamizar los vínculos de Chile y México en los ámbitos del pensamiento social, científico y cultural y de las eventuales realizaciones que de allí emanaran. Aunque la Casa de Chile en México A.C. estuvo dirigida por chilenos, era un organismo mexicano (empresa paraestatal) toda vez que el Estado mexicano pagaba la totalidad de su financiamiento, por tanto no podía apartarse de la línea oficial del gobierno. Esto implicaba, por ejemplo, la imposibilidad de realizar cualquier trabajo político opositor al gobierno del presidente chileno Patricio Aylwin (1990-1994) utilizando elementos de la Casa de Chile en México A.C., o a nombre de ella. Vistos estos antecedentes, se debía encauzar el trabajo de Casa de Chile en México A.C., hacia aquellas actividades explicitadas en el protocolo de su fundación y que estuvieran orientadas a dejar en México una organización que sirviera para retribuir los servicios prestados por México a los exiliados chilenos. En tal situación se sugirieron dos variantes para dar continuidad a la institución: Instituto de Estudios y Proyectos e Instituto de Cultura[14], que no prosperaron por razones derivadas del contexto de ese momento, que no es posible explicitar en esta oportunidad.

Imagen 5. Placa de la Casa de Chile en México, instalada en su sede de calle Mercaderes N° 52, inaugurada el 14 de diciembre de 1987, en México D.F.
Imagen 5. Placa de la Casa de Chile en México, instalada en su sede de calle Mercaderes N° 52, inaugurada el 14 de diciembre de 1987, en México D.F.

La Casa de Chile en México A.C. fue un espacio de reunión de los chilenos, allí se contactaron amistades y compañeros de militancia. A través de ella se administró el dinero del gobierno mexicano y otros recursos financieros que llegaron de la solidaridad internacional -de Naciones Unidas, a través del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ACNUR, y otros-  con lo que desarrolló una serie de actividades de difusión de la causa chilena en el exterior, administró la solidaridad, realizó veladas culturales, sirvió de medio de comunicación e intercambio entre los exilios y proporcionó su infraestructura para acciones de solidaridad con otros exilios.

El grueso de los exiliados chilenos que permanecieron en México eran personas de la clase media, con altos niveles de escolaridad y que en sus respectivas disciplinas aportaron a la sociedad mexicana, principalmente como científicos, académicos, investigadores, maestros y artistas: Lisandro Cruz Ponce (asesor jurídico y prestigioso académico de la Facultad de Derecho de la UNAM), Orlando Caputo (economista), Luis Enrique Délano (escritor), Víctor Hugo Núñez (pintor y escultor), Galo Gómez (académico Universidad Iberoamericana), Danuta Rajs (médico y profesora-investigadora de la UNAM), Alejandro Witker (historiador y académico), Hugo Zemelmann (sociólogo y profesor-investigador de El Colegio de México), Edgardo Enríquez (médico y profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, UAM), Hernán Uribe (periodista), Graciela Uribe (geógrafa y profesora-investigadora de la UNAM), Frida Modak (periodista), Armando Cassigoli (profesor-investigador de la UNAM), Hernán Lavín Cerda (escritor y profesor investigador de la UNAM),Héctor Orrego Puelma(médico), Pedro Vúskovic (economista y profesor investigador de la UNAM), Eduardo Ruiz Contardo (investigador y docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM) entre muchos otros.[15] Por la información recabada, hasta ahora, el aporte del exilio fue más bien a nivel individual y, sobre todo, relacionado con las universidades y los centros de investigación y docencia.[16]

En 1990, se inició en Chile el proceso de transición democrática que implicó una mesurada política de apoyo a los exiliados que deseaban retornar al país. Antes de esa fecha sólo existieron sociedades civiles que brindaron ayuda a algunos retornados, como el Comité Pro-Retorno de Exiliados, fundado en 1978, que trabajó bajo la consigna por el derecho a vivir en la patria, tomada de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Sin embargo, la primera lista que permitió el regreso de los exiliados chilenos se publicó recién en 1983. A raíz del retorno, la Casa de Chile en México cerró sus puertas en 1993.

Por su parte, la primera oleada de argentinos que llegó a México en 1974, por razones políticas, comenzó a reunirse, a partir de 1975, en las casas particulares de los ya mejor  instalados. En estos primeros encuentros y discusiones se decidió crear, de manera informal, la primera organización de exiliados argentinos: la Comisión Argentina de Solidaridad (CAS), integrada por Rodolfo Puiggrós, Noé Jitrik, Esteban Righi y Gerónimo Podestá, entre otros. El principal objetivo de dicha Comisión fue la solidaridad con los que habían arribado y con los que seguirían arribando a partir de 1976, fecha del golpe de Estado en Argentina, en adelante. A la CAS le preocuparon, principalmente, las condiciones materiales en las que tendrían que desenvolverse los nuevos emigrantes políticos. Se ocupó de apoyarlos para conseguir trabajo y, fundamentalmente, tramitar las visas migratorias que asegurarían su estancia legal (Yankelevich, 2004).

A diferencia del exilio chileno y de otros exilios latinoamericanos, el exilio argentino en México fue uno de los más fracturados políticamente y los quiebres se verificaron tempranamente. Dichos quiebres se debieron, en gran medida, por el apoyo o por la crítica que hubo de parte de sus integrantes a las organizaciones armadas como Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).  Debe enfatizarse, sin embargo, que la aprobación o el rechazo de la lucha armada como estrategia adecuada para derrota a la dictadura, fue lo que realmente fracturó a buena parte de la comunidad argentina exiliada en México. La fractura del exilio político argentino se reflejó, por supuesto, en sus organizaciones. Por ello, en 1976 el grupo liderado por Rodolfo Puiggrós fundó el Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino (COSPA), que fue conocido también como “La Casa Argentina”. En su fundación, sus militantes fueron de origen universitario, obrero, barrial, intelectual y profesional (psicoanalistas, sociólogos, antropólogos y psicólogos). Aunque este componente varió, en la medida de las fracturas y avatares por las que pasó el exilio argentino en el transcurso de su estadía en México y que respondieron, sobre todo, a la situación política de la Argentina. (Yankelevich, 2002 y 2004)

Hay que decir que para su constitución contó con el prestigio intelectual y político de Rodolfo Puiggrós, quien tuvo una importante capacidad de convocatoria entre intelectuales y personalidades de la izquierda mexicana (Yankelevich, 2004: 192), esto y la llegada masiva de inmigrantes políticos desde la Argentina, le valió el apoyo del gobierno mexicano, aunque este nunca fue como el otorgado al exilio chileno y aquello se vio reflejado en los recursos materiales que le brindó. Al respecto hay que señalar que el COSPAautofinanció la mayor parte de sus actividades, porque el gobierno mexicano no le entregó una partida de dinero como la que recibió la Casa de Chile.

Una parte del financiamiento del COSPA, provino de ayuda del gobierno mexicano; quien fuera la secretaria de finanzas –Delia Carnelli de Puiggrós-, indica que al principio se contó con la ayuda de Carlos Hank González, entonces titular del gobierno del Distrito Federal –gobierno de la ciudad de México-, a lo que se sumaban las aportaciones de los propios exiliados…”en la época en que yo estaba en la parte económica era un sufrimiento conseguir el dinero.” De tener en cuenta que alguna de las autoridades eran miembros de la dirigencia política de Montoneros, se puede inferir que esta organización contribuyó de alguna manera al financiamiento del COSPA.(Yankelevich, 2004: 197)

No obstante, el gobernó mexicano sí participó de otras iniciativas de marcado carácter social y solidario como fue “La Casa del Niño”fundada en 1979, con aportes económicos de éste y de otras instancias como el gobierno sueco, el Consejo Mundial de Iglesias, Amnistía Internacional, entre otras. Se trató de un jardín de infantes que asistió a niños y niñas de los exiliados políticos argentinos y de otros exilios latinoamericanos.

El COSPA estuvo conformado por peronistas de filiación montonera, que fue la fuerza mayoritaria, pero también estuvieron representados otros militantes peronistas, algunos del Partido Revolucionario de los Trabajadores y su brazo militar el ERP, grupos maoístas y, en general, militantes de izquierda sin adscripción partidaria. El COSPA tuvo un marcado carácter militante, por lo que se puede afirmar que efectivamente se constituyó en una organización de un exilio político propiamente tal. Los militantes que participaron activamente en él, lo consideraron otra trinchera política desde la que podían actuar estando fuera de la Argentina y que contribuiría a la transformación política y radical de la sociedad argentina (Yankelevich, 2004: 193). Así desarrollaron una intensa serie de actividades de denuncia del Terrorismo de Estado, encabezado por el gobierno de Jorge Rafael Videla.

En virtud  que, un importante número de militantes del COSPA sostenía una postura de apoyo a las organizaciones armadas como Montoneros y El ERP (partidos políticos-militares), el gobierno mexicano toleró estas organizaciones de los exiliados argentinos, sin involucrarse en sus declaraciones y posiciones públicas frente a la situación de Argentina y, obviamente también de los exiliados chilenos, como un mecanismo de control político. Está bastante documentado que los Servicios de Inteligencia Mexicanos vigilaron al exilio argentino y sus acciones cuidadosamente (Yankelevich, 2004: 193). El COSPA, también se ocupó de recibir a los recién llegados, asignarles hospedaje, organizarlos y reinsertarlos en la vida militante. El COSPA, a través de la potente figura de Rodolfo Puiggrós avaló los trámites migratorios de los argentinos; en ese momento, Puiggrós tenía línea directa con Fernando Gutiérrez Barrios, Subsecretario mexicano a cargo de la política migratoria y del diseño de políticas de inteligencia y seguridad interior del Estado mexicano. (Yankelevich, 2004: 194). Sin embargo, el vínculo político más sólido fue con el reconocido intelectual, presidente del PRI entre 1972 y 1975 y varias veces funcionario público, Jesús Reyes Heroles.

Imagen 6. En 1977 visita México Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista Chileno, exiliado en la URSS. En la foto con Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende.
Imagen 6. En 1977 visita México Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista Chileno, exiliado en la URSS. En la foto con Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende.

Otro aspecto diferenciador, respecto del exilio chileno, es que el COSPA elegía a sus representantes por votación directa en reunión de asamblea general. Los espacios de mayor responsabilidad dentro de su dirección estuvieron en manos de los ya mencionados Ricardo Obregón Cano y Rodolfo Puiggrós.

También como en el caso chileno, fueron estas organizaciones del exilio las que manejaron la solidaridad internacional. Para la redistribución de becas y otros el COSPA usó como principal criterio de selección, la solidaridad para con los perseguidos.

En 1977 Montoneros reconstruyó su frente político creando el Movimiento Peronista Montonero (MPM), que en México se conoció como “La Casa Montonera”. Ésta y el COSPA compartieron a sus máximos dirigentes: Ricardo Obregón Cano y Rodolfo Puiggrós. Por tanto, hay que sospechar, sin temor a equivocarse, que el COSPA, finalmente se constituyó en un apéndice del proyecto político de Montoneros. Es decir, representó a un conjunto de exiliados políticos que continuaron su militancia en México y que se adscribieron a dicho proyecto. No obstante hubo un sector importante de migrantes políticos argentinos que se autodenominó “independiente” y que tuvo múltiples posturas políticas de izquierda, pero su denominador común fue su crítica a los grupos armados. Este importante sector, perteneciente a una izquierda genérica compuesta por profesionales, intelectuales y académicos de la clase media argentina, fundaron formalmente el año 1977 la otra organización más importante que aglutinó a esta migración política y que se transfiguró en otro de los grupos del exilio argentino en México. Se trató de la Comisión Argentina de Solidaridad (CAS) presidida por Noé Jitrik. Más que incorporar a núcleos políticos (partidos), incluyó a individuos y corrientes de opinión.

La CAS recibió el apoyo directo de Luis Echeverría Álvarez, quien ya había dejado la presidencia del República. Este apoyo consistió en recursos materiales para el arriendo de una sede (casa) que él mismo se encargó de conseguir y amoblar, adelantando seis meses de renta. Echeverría Álvarez se había vinculado a este otro sector del exilio argentino en México, a través del Centro de Estudios Sociales sobre el Tercer Mundo (CESTEM) que él había fundado a inicios de 1977 y que se constituyó en un espacio laboral y académico para un significativo número de exiliados latinoamericanos.

Para este sector del exilio argentino, la CAS fue un espacio para reflexionar, solidarizar, denunciar las atrocidades de la dictadura, actuar políticamente y propiciar el cruce cultural hacia México y América Latina. De ella emanó, en julio de 1976 aún sin sede oficial, el primer Informe sobre la Situación Argentina que denunció la política criminal y genocida de la dictadura de Jorge Rafael Videla. Los temas claves y sensibles para la CAS fueron la solidaridad y la denuncia. También, fue un espacio de encuentro y de sociabilidad de los argentinos y latinoamericanos a través de instancias como la cafetería, el restaurante y en cine club que se enmarcaron en su sede. La CAS fue vista por el COSPA como una organización de las elites de izquierda argentina sin compromiso ni militancia política, sino más bien como un espacio de intelectuales.

Mientras que para 1980 la CAS adquirió un enorme dinamismo,

[…] Entre 1978 y 1983, la CAS fue el organismo más democrático (el único que elegía  sus autoridades anualmente, mediante comicios por listas, con votación secreta y representación proporcional) y también y por eso mismo el de mayor crecimiento (el padrón de afiliados llegó a contar con más de 600 miembros cotizantes)… (Bernetti, y Giardinelli, 2003)

En 1979 el COSPA empezó a declinar debido a una importante quiebre al interior de Montoneros producto del fracaso de la contraofensiva militar con la consecuente muerte de decenas de militantes. A esta fuerte fractura se sumó la muerte, en la Habana en 1980, del que había sido uno de sus máximos dirigentes, Rodolfo Puiggrós, figura que gozó de una enorme autoridad moral dentro del exilio argentino y que logró conciliar las tensiones al interior de la organización. De ahí en adelante el COSPA entró en una crisis política sin retorno. Por tanto, un sector disidente e importante del COSPA migró hacia la CAS, la que quedó constituida por un grupo heterogéneo que incluyó lo que se denominó “mesa peronista”, “mesa socialista” y los independientes. La orgánica de la CAScontempló una Comisión Directiva que era elegida y renovada una vez al año por votación directa en Asamblea General, pero entre 1979 y 1980, debido a su notable crecimiento y heterogeneidad política se optó por planillas electorales que lograron la representación proporcional de los diferentes sectores políticos. Sin embargo, el sector independiente liderado por Noé Jitrik conservó la Secretaría General. Así la CAS se convirtió en el principal referente del exilio y el COSPA era ya para 1981 casi inexistente.

Habría más que decir acerca de estas dos organizaciones de los exiliados políticos argentinos como por ejemplo, que la fractura política se manifestó, también, en las distintas maneras de conmemorar el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976; la disputa que hubo en torno al caso de Héctor Cámpora, quien estuvo largo tiempo confinado en la Embajada de México en Buenos Aires (Steinsleger, 2013); la Guerra de las Malvinas en abril de 1982; las distintas propuestas culturales gestionadas en México, que evidenciaron las divergentes posturas políticas del exilio argentino. De esta divergencia nació, particularmente de la militancia de carácter marxista o socialista y de la militancia peronista, una importante preocupación teórica y política que se materializó en la revista CONTROVERSIA que reflexionó, principalmente, en torno a cuatro ejes temáticos: la derrota de la izquierda argentina, la situación política y económica de Argentina, los problemas de la construcción y el sentido de la democracia, la crisis del marxismo y la revisión de los paradigmas clásicos. Es simbólico que el exilio argentino haya editado una revista con el nombre de CONTROVERSIA, mientras el exilio chileno en México, específicamente militantes del Partido Socialista, hayan editado la revista CONVERGENCIA.

Además de la CAS y del COSPA, hubo otras agrupaciones de los exiliados políticos argentinos, con voluntad de ser y estar en la resistencia: Organizaciones de Derechos Humanos y organizaciones de carácter gremial.

Pese a los quiebres al interior del exilio argentino y de las importantes diferencias políticas, los sujetos de este exilio hicieron significativos esfuerzos de unidad y coordinación en torno al tema de los Derechos Humanos, uno de los más sensibles debido a la magnitud del fenómeno de los detenidos-desaparecidos en la Argentina (Yankelevich, 2004: 215).

Hacia finales de la dictadura y vislumbrando el inminente proceso de retorno, el exilio argentino en México, reclamó su lugar y protagonismo en la resistencia por una necesidad vital de formar parte de la reconstrucción democrática de la Argentina y asegurar el retorno “irrestricto de los exiliados” bajo la vigencia de garantías constitucionales que aseguraran dicho proceso.

Al menos, en los dirigentes máximos del exilio, había un convencimiento pleno de la posibilidad de regresar. Una vez que Raúl Alfonsín ganó las elecciones, la CAS evaluó cerrar su experiencia en el exilio.

Por su parte, Delia Carnelli, quien fuera la compañera de Rodolfo Puiggrós, cuando decidió su regreso a la Argentina en 1983, realizó los trámites oficiales para la desaparición del COSPA y de la Casa del Niño, organismos que contaban con registro legal ante el gobierno mexicano…(Yankelevich, 2004: 217)

Por otra parte, una problemática aun sin dilucidar en los estudios profesionales acerca de los exilios sudamericanos en México ha sido el de las cifras. No se ha podido responder con exactitud cuál fue la cifra exacta de exiliados del cono sur. Esta dificultad se ha debido a que no todos los que migraron a México por razones políticas residieron en ese país en calidad de asilados y sólo en 1990 el gobierno mexicano incorporó a sus leyes migratorias la calidad de “refugiado”. La gran mayoría se acogió a otras formas migratorias. Si bien es cierto, que la Secretaría de Gobernación de México no ha entregado cifras oficiales, creemos improbable que esas cifras aclaren las dimensiones de dichos exilios. Según los datos sistematizados por Pablo Yankelevich (2004) sólo entraron a México como “asilados políticos” poco más de cien -100- argentinos y que entre seis mil y siete mil (6.000 y 7.000) ingresaron con visas de turista, para luego cambiar su calidad migratoria y conseguir los permisos de trabajo correspondientes para poder sustentarse en México.

[…] entre 1974 y 1982 el gobierno mexicano otorgó la categoría de asilado político, en sus versiones de diplomático y territorial, a poco menos de 150 argentinos, según se desprende de los archivos migratorios que consultamos.(Yankelevich, 2004: 217-218)

Por su parte, los estudios de Silvia Dutrénit Bielous y Guadalupe Rodríguez de Ita (2000) reportan que el asilo en la Embajada Mexicana en Argentina fue reducido, con sólo sesenta y tres (63) personas y la peculiaridad de una larguísima estancia de Héctor J. Cámpora –ex presidente de Argentina-, su hijo Héctor Pedro Cámpora y Juan Manuel Abal Medina. Respecto de los asilados chilenos, las misma autoras, reportan un número de ochocientos (800) y cerca de cuatrocientos (400) uruguayos.

Exiliados argentinos –Noé Jitrik, 1994-, por su parte, calculan en 10 mil –diez mil-  el número de argentinos que llegó a México por motivos políticos. (Palma, 2003: 8)

Con respecto al exilio chileno, en 1976, el Comité Político de la Izquierda Chilena en México señalaba que según declaraciones de las máximas autoridades de Gobernación (Ministerio del Interior de México), el número total de exiliados chilenos no superaba las 1.800 personas (mil ochocientas), incluidos los menores.[17] En 1977, se calculaba que alrededor de 2.200 (dos mil doscientos/as) chilenos/as vivían allí como exiliados, entre adultos y menores de edad.[18] La salida de compatriotas a México estuvo limitada a los comienzos de la dictadura. Entre los años 1973 y 1975 distintas oleadas, entre asilados en la embajada de México en Santiago y presos políticos, de cárceles y campos de concentración, abandonaron Chile. Estos últimos llegaron a México mediante la protección del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Las Naciones Unidas reconocieron su calidad de refugiados, pero aún la legislación mexicana no contemplaba esta categoría. Sin perjuicio de que, posteriormente, continuaron llegando personas solas, con sus familias, o en grupos pequeños.

Ese fue un dato muy discutido porque no sé por qué razón el gobierno de México se negó, no abiertamente, pero se demoraba en dar los datos exactos. No quiso dar nunca los datos exactos y, entonces, eran cálculos hechos por el exilio chileno…se especuló mucho sobre eso pero yo diría que el máximo deben haber sido unos seiscientos -600-, no más de eso. Cifras modestas comparadas con Venezuela mismo, Canadá, Australia, Suecia, para qué hablar de Argentina.[19]

Si a esta cifra de seiscientos (600), reportada por Hugo Miranda, quien fuera director de la Casa de Chile en México, se agregara en promedio un número de cinco personas por grupo familiar, tendríamos como cifra máxima un total de tres mil -3.000- chilenos que emigraron a México por razones políticas.

Un último dato relevante de consignar para los casos que nos ocupan es que el gobierno mexicano, encabezado por Luis Echeverría, rompió relaciones diplomáticas con el régimen de Pinochet y la Embajada de México en Santiago fue cerrada en 1974. En cambio el gobierno mexicano nunca rompió relaciones diplomáticas con la dictadura en Argentina, aunque estas fueron complejas, por decir lo menos, debido a la prolongada estancia de unos pocos asilados en la Embajada mexicana en Buenos Aires y a la permanencia entre 1974 y 1983 del grueso de los exiliados argentinos, cuyo blanco de denuncias y reclamos contra los crímenes de la dictadura fue dirigido, también, a la Embajada argentina en la Ciudad de México.

 

Conclusiones

La política de asilo que el Estado mexicano ha practicado en el transcurso del siglo XX y que se ha explotado para la autoafirmación del principio de soberanía y que ha sido funcional al proceso de re-legitimación de la identidad revolucionaria del Estado; ciertamente ha singularizado el ser y el estar de los exilios políticos en México.

Tal política ha tolerado, permitido o bloqueado el accionar de los exilios políticos, porque dicha voluntad de auto afirmación, de los sujetos del exilio, está directamente relacionada y depende, también, de la voluntad de la sociedad de acogida y específicamente del Estado territorial que brinda dicha acogida y establece los marcos para que esa voluntad de ser y estar en el mundo se manifieste, pues los exiliados políticos se transfiguran como tales en el país de acogida, no antes (Rojas Mira, 2013).

La política exterior de México ha empleado la herramienta del asilo, pero de manera selectiva y restringida ya que en su aplicación ha considerado resguardar preferentemente, el prestigio de México. Recordemos que para 1973 el régimen político mexicano había entrado en la vorágine, casi sin retorno, de las crisis económicas mundiales; a pesar de ello fuertes razones políticas que contribuían al prestigio del país hicieron posible la acogida a emigrantes políticos del cono sur. Asimismo, procuró mantener una memoria oficial y nacional de “puertas abiertas” que fortaleció su imagen interna y externa de país democrático. La conceptualización de “puertas abiertas” de la política de asilo diplomático, llevada adelante por el régimen mexicano, se instaló a partir de la visión del presidente Lázaro Cárdenas en relación con los españoles refugiados de la guerra civil española (1936-939), pero como hemos visto en un contexto más amplio, fue una excepción. No obstante dicha imagen se instaló y siguió siendo explotada por los sexenios posteriores, para revitalizar los mitos de la revolución mexicana.  Cabe destacar dentro de las bases políticas y doctrinarias de la política exterior mexicana la “Doctrina Estrada”, de la cual el gobierno de Lázaro Cárdenas fue un digno continuador. Esta doctrina surgida en 1930 estableció que “en casos en los que se produce dentro de un Estado un cambio de gobierno a través de una ruptura del orden constitucional o por un golpe de Estado, el gobierno mexicano no emite un acto de reconocimiento, sino que se concreta a mantener o romper, en su caso las relaciones diplomáticas” (Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, 2002: 609).

El carácter restringido pero tolerante, de la política de asilo, ha estado relacionado con su orientación anticomunista de bajo perfil. Táctica asumida con el fin de disponer del apoyo de los Estados Unidos, permaneciendo dentro de su esfera de influencia, acaso con posibilidades de marcar un espacio propio, aunque fuera simbólicamente, frente a la mirada de su población y a la de los países latinoamericanos. Humanitaria, sin duda, pero sin perder de vista los intereses políticos del régimen político mexicano de corriente nacionalista.

En cuanto a los exilios argentino y chileno de los años setenta, habría que puntualizar lo siguiente: Ambos fueron contemporáneos, se dieron en el contexto de los golpes de Estado y del terrorismo de Estado de los años 70. Llegaron en distintas oleadas y en el caso chileno un mayor número pudo ampararse en la fórmula de “asilado político”. El grueso de los emigrantes políticos del cono sur debió acogerse a otras calidades migratorias. Es interesante observar las distintas lecturas que hicieron los embajadores mexicanos en Chile y Argentina, respecto de la violencia de los golpes de Estados en sus respectivos países y cómo esa lectura condicionó la posibilidad de asilo en las embajadas mexicanas. A pesar de la grave situación desatada por los golpes de Estado en Argentina y Chile y los posteriores resultados de represión y muerte que para el caso argentino dejó alrededor de 30.000 muertos y para Chile aproximadamente 3.000 personas asesinadas; en Buenos Aires, el número de asilados fue bastante menor en comparación con los asilados en la sede diplomática de Santiago de Chile.

Ambos estuvieron constituidos, aunque no exclusivamente, por un importante componente de clase media, dentro de la que se incluyeron, profesionales, académicos e intelectuales y lo que hemos llamado políticos-académicos y académicos-políticos, así como militantes de más bajo perfil. Ambas emigraciones políticas se transfiguraron en exilios políticos ya que desarrollaron un notable activismo y militancia política en el exilio. En el caso chileno la militancia se verificó al interior de los partidos de la izquierda tradicional que conformaron la UP y que siguieron funcionando en el exterior, partidos políticos de larga tradición, nivel de organización y disciplina.

El exilio argentino, aglutinó a sus militantes más bien en movimientos y corrientes de opinión que se identificaron mayoritariamente con lo que se conoció en esos años como la nueva izquierda, influida por la revolución cubana. Ambas emigraciones políticas, lograron constituirse en exilios políticos debido al apoyo del gobierno mexicano y de los sectores más politizados como lo eran sus intelectuales y académicos de la izquierda mexicana, los sectores progresistas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y otros partidos menores. Aunque el apoyo fue claramente diferenciado, el gobierno mexicano en el caso chileno, incentivó y apoyo fuertemente su organización, en el caso argentino, nos atrevemos a afirmar que la apoyó y toleró pero con ciertos resguardos, debido a que representó al sector más radical de la izquierda argentina: Montoneros y el ERP.

Ambos exilios tuvieron un significado político para el Estado, el gobierno y la izquierda mexicana, pero este significado varió debido a las particularidades de cada uno de estos exilios. En ambos fueron importantes las redes políticas e intelectuales que establecieron, puesto que generaron simpatías que contribuyeron a una acogida de la sociedad mexicana, pero esto habría que particularizarlo debido a las especificidades culturales de cada grupo. La creación de organizaciones propias del exilio, en el caso chileno fue en parte, aunque poderosamente, una decisión política del gobierno mexicano. En cambio en el caso argentino, el gobierno mexicano apoyó sus iniciativas de organización, pero no se involucró más allá. Recordemos que la mecánica de gobierno interno que tuvo la Casa de Chile fue mediante un patronato y una directiva elegida por éste. El exilio chileno fue representado, pero a nuestro juico no fue representativo, aunque habría que profundizar en el análisis de esta aseveración, que demandaría un trabajo de reflexión más amplio y complejo.

Finalmente, las organizaciones de los exiliados pueden ser consideradas como marcos bien establecidos dentro de los cuales se podía desarrollar la política en el exilio. Estos marcos fueron, sin duda, interlocutores válidos ante las autoridades mexicanas y, también, espacios de control por parte de las mismas. Ejercicio bien enmarcado de la política que podía practicarse en el exilio y que fue, básicamente, de denuncia y solidaridad.

 


Notas:

[1] Doctora en Estudios Americanos / Especialidad Historia.  Universidad de Santiago de Chile / Facultad de Humanidades / Instituto de Estudios Avanzados /. Tesis de grado: “El exilio político chileno: La Casa de Chile en México (1973-1993), una experiencia singular”. Coautora de: “Geografía política del exilio chileno: Los diferentes rostros de la solidaridad”, en: Perfiles Latinoamericanos, núm. 41, enero-junio 2013, FLACSO, México; “Queremos votar en las próximas elecciones. Historia del movimiento sufragista chileno, 1913-1952”, Santiago: Editorial LOM, 2007; y autora de: “¿Mujeres comunistas o Comunistas mujeres?”. En: Ulianova, Olga; Loyola, Manuel y Álvarez, Rolando (editores). 1912-2012. El siglo de los comunistas chilenos. Santiago de Chile: IDEA/USACH, 2012, pp. 335-355. Contacto: claudiafedora@gmail.com

[2]Sería muy largo dar cuenta en estas páginas de la relevante presencia militar en la vida política argentina. Precisamente de filas militares salió Juan Domingo Perón, quien gravitó en la política de aquel país hasta su muerte en 1974. Con una extraordinaria habilidad política, y desde su exilio en España, atrajo al ala izquierdista del movimiento peronista. El peronismo había conformado el Frente Justicialista de Liberación y apoyó las elecciones que el gobierno militar de turno había convocado para marzo de 1973. Postuló a Héctor Cámpora quien resultó elegido, su triunfo reconoció el apoyo recibido por el ala izquierdista del movimiento y por ello respaldó y fortaleció a los grupos izquierdistas como la Juventud Peronista y Montoneros, grupo guerrillero fundado a fines de los sesenta. El 20 de junio de 1973, Perón regresó a la Argentina y el 13 de julio hizo renunciar a Cámpora, se hizo del poder y de ahí en adelante se deslindó de las tendencias izquierdistas y se inclinó hacia la derecha. Deslegitimó públicamente al grupo Montoneros, apoyando a José López Rega, fundador de la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista). En medio de un fuerte enfrentamiento entre los grupos peronista y una desastrosa política económica Perón falleció el 1° de julio de 1974. En su lugar María Estela Martínez de Perón (Isabelita) asumió la presidencia de la Argentina, en su carácter de vicepresidenta. En medio de un descontrol político, económico y social, las Fuerzas Armadas Argentinas dieron el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976 e instauraron el régimen dictatorial del general Jorge Rafael Videla.

[3]Entrevista a Rosa Bravo, ex­ investigadora de la CEPAL, realizada por Claudia Rojas Mira, Santiago, 2004.

[4]ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Programa, política de funcionamiento y objetivos de Casa de Chile en México, 1974-1983”.

[5]ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Programa, política de funcionamiento y objetivos de Casa de Chile en México, 1974-1983”; “Equipos de charlistas y conferencistas”, s/autor, s/f.

[6] Consejo formado por varias personas, que ejercen funciones rectoras, asesoras o de vigilancia en una fundación, en un instituto benéfico o docente, etc., para que cumpla debidamente sus fines.  Diccionario de la RAE.

[7]Según Acta Constitutiva del Patronato sus miembros fundadores, de nacionalidad mexicana, fueron: Lic. Víctor Flores Olea, Lic. Horacio Flores de la Peña, Lic. Hugo Gutiérrez Vega, Profa. Adriana Lombardo, Ing. Gonzalo Martínez Corbalá, Dr. Rodolfo Stavenhagen, Dr. Luis Villoro y Dr. Leopoldo Zea. Posteriormente, se incorporaron el Antrop. Leonel Durán Solís, el Dip. Juan José Bremer y el Dr. Pablo González Casanova, quienes reemplazaron respectivamente a los siguientes miembros renunciantes: Lic. Horacio Flores de la Peña, Lic. Hugo Gutiérrez Vega y Dr. Luis Villoro.  Sus miembros fundadores, de nacionalidad chilena, fueron: Dr. Clodomiro Almeyda, Dr. Víctor Barberis, Sra. Hortensia Bussi de Allende, Sr. Pedro N. Correa G., Dr. Jaime Estévez, Prof. Galo Gómez O., Lic. Luis Maira A., Sen. Hugo Miranda R., Dr. Patricio Hevia, Sen. Alejandro Toro, Lic. Hugo Vigorena y Dr. Pedro Vúskovic. Asimismo se integraron más tarde Jaime Suárez B., Manuel Rodríguez R., Francisco Fernández, Anselmo Sule C., Eduardo Contreras M., reemplazando a Víctor Barberis, Pedro N. Correa, Jaime Estévez, Patricio Hevia y Alejandro Toro, respectivamente. ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Casa de Chile en México A.C., Reestructuración, 1989-1993”.

[8] ACCHM, Caja Nº 3, Finanzas, correspondencia enviada y recibida por Casa de Chile 1974-1993; Carpeta “Presupuestos. Casa de Chile, A.C., 1974-1983.

[9] ACCHM, Caja Nº 3, Finanzas, correspondencia enviada y recibida por Casa de Chile 1974-1993; Carpeta “Correspondencia enviada y recibida por Casa de Chile en México.- Cartas, fax, telegramas, año 1978-1979.

[10] ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Programa, política de funcionamiento y objetivos de Casa de Chile en México, 1974-1983”; Informe de Casa de Chile, México, 1983.

[11]  Entrevista a Ivonne Szasz, exiliada chilena, realizada por Claudia Rojas Mira, México D.F., 1998.

[12]Entrevista a Galo Gómez Oyarzún, exiliado chileno, realizada por Claudia Rojas Mira, México D.F., 1998.

[13] Entrevista a Laura Elgueta, exiliada chilena, realizada por Claudia Rojas Mira, Santiago, 2000.

[14]ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Casa de Chile en México A.C. Reestructuración (proposiciones del Consejo, posibles funciones, proyectos reestructuración, años 1989-1993”.

[15] “…b) El análisis de la composición del grupo de exiliados chilenos en México, demuestra la participación de un alto porcentaje de profesionales, la mayoría con experiencia académica, así como de un número importante de personas con experiencia en funciones productivas y de administración…” ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Casa de Chile en México A.C. Antecedentes generales, Informe CNCA, Actividades, Memoria del Exilio, Años 1989-1993”; Comité Político de la Izquierda Chilena en México, MEMORANDUM, México, 1976.

[16] Acerca del significado político del exilio chileno para el Estado y la política mexicanos véase Rojas Mira, C. (2013). El exilio político chileno: La Casa de Chile en México (1973-1993), una experiencia singular. Santiago de Chile, Tesis Doctorado, USACH/Facultad de Humanidades/IDEA/Doctorado en Estudios Americanos/Especialidad Historia.

[17] ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Casa de Chile en México A.C. Antecedentes generales, Informe CNCA, Actividades, Memoria del Exilio, Años 1989-1993”; Comité Político de la Izquierda Chilena en México, MEMORANDUM, México, 1976.

[18] ACCHM, Caja Nº 1, Documentación interna de Casa de Chile en México 1974-1993; Carpeta “Programa, política de funcionamiento y objetivos de Casa de Chile en México, 1974-1983”; Bartulin Fodich, Danilo, “Proyecto Servicio Médico Dental de Casa de Chile para la Atención de los Refugiados Chilenos y Latinoamericanos en México”,  México, 20 de julio de 1977.

[19] Entrevista a Hugo Miranda realizada por Claudia Rojas Mira, Vicuña, Chile, 13 de febrero de 2009.

 

Bibliografía:

Bernetti, J. L. y M. Giardinelli, (2003). México: El exilio que hemos vivido. Memoria del exilio argentino en México durante la dictadura 1976-1983. Buenos Aires, Edición Universidad Nacional de Quilmes.

Buriano Castro, A. (editora); S. Dutrénit Bielous y G. Rodríguez de Ita, (2000). Tras la memoria. El asilo diplomático en tiempos de la Operación Cóndor. México D.F., Coedición del Instituto de Cultura de la Ciudad de México-Gobierno del Distrito Federal/Instituto Mora.

Cano, G. (1996). “Gabriela Mistral: la dura lección de que existen patrias” en Debate Feminista, México D.F., año 7, vol. 13, pp. 133-139.

Fell, C. (1989). JOSÉ VASCONCELOS. LOS AÑOS DEL AGUILA (1920-1925). Educación, cultura e ibero americanismo en el México post revolucionario. México D.F., UNAM/IIH, Serie Historia Moderna y Contemporánea/21.

Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM (2002). Enciclopedia Jurídica Mexicana. México D.F., Ed. Porrúa, Tomo III, Letras: D-E.

Palma Mora, M. (2003). “Destierro y encuentro. Aproximaciones al exilio latinoamericano en México 1954-1980”, Amérique Latine  Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 7 / [En línea], puesto en línea el 14 février 2005. URL: http//alim.revues.org/index363.html.

Rojas Mira, C. (2013). El exilio político chileno: La Casa de Chile en México (1973-1993), una experiencia singular. Santiago de Chile, Tesis Doctorado, USACH/Facultad de Humanidades/IDEA/Doctorado en Estudios Americanos/Especialidad Historia.

Steinsleger, J. (2011). “El primer exilio argentino en México (1974-1976)”, diario La Jornada, URL: http://www.jornada.unam.mx/2011/03/16/opinion/027a2pol

Steinsleger, J. (2013). “A los compas, en el día del amor”, diario La Jornada, URL: http://www.jornada.unam.mx/2013/02/13/opinion/025a1pol

Yankelevich, P. (2002). “La Comisión Argentina de Solidaridad. Notas para el estudio de un sector del exilio argentino en México”, en Yankelevich, P. (coordinador), México, país refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX. México D.F., Edición INAH – Plaza y Valdés.

Yankelevich, P. (compilador), (2004). Represión y destierro. Itinerarios del exilio argentino. Buenos Aires, Ediciones Al Margen.

Yankelevich, P. (2004). “México: un exilio fracturado”, en Yankelevich, P. (compilador), Represión y destierro. Itinerarios del exilio argentino. Buenos Aires, Ediciones Al Margen, pp. 187-222.

 

Cómo citar este artículo:ROJAS MIRA, Claudia Fedora, (2014) “Exilios sudamericanos en México: los casos argentino y chileno”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 19, abril-junio, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 14 de Noviembre de 2016.

Disponible en Internet: http://www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=937&catid=14&Itemid=31

A 97 años del atentado de Antonio Ramón Ramón (video, imágenes y texto)

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Hasta el día de hoy se exhuman los cuerpos de fosas comunes en la zona de Tarapacá, por la tragedia de la escuela Santa Maria, miles de cuerpos de esa época.

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“Durante mi viaje a Chile en octubre de 2006, tuve la oportunidad de visitar las minas salitreras y la Escuela Santa María. Quedé impactado al conocer la historia de este horrible crimen, la peor matanza en la historia de los trabajadores de la cual tengo conocimiento.” Noam Chomsky(1)

Mugshot de Antonio Ramón Ramón

Escribo y publico esta historia porque en mi conciencia, y no solo en la mía sino que en cada vez más seres humanos, se anida un sentimiento que me impulsa a recordar. Siento que a través de la narración constante de nuestra historia, lograremos alguna vez como sociedad, poder encontrar la dignidad para toda la gente que la habita.
Es por esto, que como al fin somos muchos que sentimos que el futuro es el presente, que miramos hacia atrás y empezamos a reconstruir la historia carcomida por el poder, y nos negamos a aceptar la historia oficial por interesada y poco seria, por manipulable y antojadiza al poder de turno. Avanzamos en conocer la historia no contada, la que queda solo en la memoria colectiva a través de la vida de quienes tejen ese tiempo. El recuerdo de la matanza de la Escuela de Santa María de Iquique, es el triunfo de aquellos que no hicieron caso como ovejas lo que se decía, y firmes en sus conocimientos, no en la certeza, posibilitan que hoy, como nunca, la historia sea narrada. Nos brindan una nueva oportunidad de comprender las raíces de nuestro presente. Cien años después, en el mismo país, las mismas injusticias, las mismas desigualdades. La misma clase política-militar.

Desde largo tiempo que conozco una historia a raíz de estos hechos, que llamó mi atención e impacto particularmente. Es la historia de Antonio Ramon Ramon, un anarquista español, al parecer de origen Andaluz, que habitaba de pequeño en Chile. Se cuenta que tenia un medio hermano, con el cual compartieron trabajo en las salitreras. Su medio hermano, al parecer de nombre Mauricio Vaca, fue muerto cruelmente junto con los 3600 obreros al interior de la escuela de Iquique, por balas del ejército chileno ante la negativa de los obreros a deponer la huelga.

El general que impartió la orden de disparar, y a cargo de la masacre, quiso ocultar la barbarie, como siempre, reportando en su parte oficial que en el fragor de la lucha (la de él contra miles de obreros desarmados y demandando que les pagaran en dinero su salario, y no con fichas cambiables en pulperias de la misma minera) cayeron 141 obreros muertos. Una vileza simplemente, ya que todos los relatos registran el drama y la imagen dantesca de las puertas y ventanas de la escuela abarrotadas de cadáveres, de carros y carros de cuerpos rumbo al desierto, de las persecuciones de la caballería a los obreros en huida. Hasta el día de hoy se exhuman los cuerpos de fosas comunes en la zona de Tarapacá, por la tragedia de la escuela Santa Maria, miles de cuerpos de esa época. De hecho, Michelle Bachelet, quiere destinar fondos a la identificación de los cuerpos, tarea al menos poco plausible. La terrible anécdota de esto, es que también se exhuman en la misma zona de Tarapacá, hoy en día, cientos de cuerpos de hace más de hace 30 años atrás, la misma causa los une a ambos grupos, represión militar a sueños obreros.
El general, macabro y triste personaje, se llamaba Silva Renard. Este general, en su propia descripción de la matanza, señalaba como los casi, según sus cálculos, 9000 obreros alojados en la escuela enarbolaban banderas “de distintos tipos” y “de varias nacionalidades”. Lo cual, como recoge la historia hoy en día, se traduce como la unión de obreros peruanos, bolivianos, argentinos y chilenos. Los cuales proclamaban consignas, que en el relato del general en su parte oficial son así narradas: “de guerra al capital y al orden social establecido”.(4) 25 años antes de esa fecha, los padres de esos mismos obreros, se habían matado por el capital ingles, chileno y alemán en la Guerra del Pacifico. Sus hijos se unían en una lucha fraterna transnacional, que incluso hacia peligrar las fronteras de esos 4 países. Esta vez no por la ambición, sino por la solidaridad. Pasaron los años y comprendieron que la maldición del capital, es que siempre se debe morir y dejar de existir en vida, por el beneficio de otros.

Noticias y grabado de la época del ajusticiamiento (extraídas de la separata de la revista Acción Directa nº5, Chile)

Antonio tardó 7 años en tener su encuentro con el general Silva Renard, años en que imaginó una y otra vez el poder cobrar venganza por la muerte de su hermano y toda la gente asesinada en la pampa salitrera. Resulta novelesco imaginar la vida que habrá llevado Antonio en el Chile de esa época, de sus marchas “a pie a la Argentina” como rescatan las crónicas. O de su habitación de residencia en Santiago, que es registrada y allanada por la policía, encontrandose en ella exiguas pertenencias. O su vida solitaria, su vida libremente entregada a un destino elegido, cobrar venganza. Sin duda que es un reflejo de las enmarañadas vidas de principios de siglos, barbaries militares, trabajos abusivos, honor, venganza, ideales obreros, conversaciones revolucionarias, fraternidad, solidaridad…
…Y en pleno centro de Santiago, el 14 de diciembre de 1914, asesto sobre Silva Renard cinco puñaladas, una de ellas obligo al general llevar un parche en el ojo hasta su muerte en 1920. Si, hasta 1920, porque Antonio no pudo acabar con la vida del macabro general. Se cuenta que ante los gritos del general, al verse enfrentado a un obrero con un puñal en mano, y no a una masa de obreros indefensos como tanto le gustaba, el noble Antonio se apiadó y se echó a huir por las calles de Santiago, donde prontamente fue apresado por la policía. Al detenerlo, comprobaron su frustrado intento de suicidio con un veneno que no resulto ser tal cosa. La paliza de los ayudantes del general no se hizo esperar, sablazos incluidos, razón por la cual en la imagen aparece con una venda en la cabeza. Vida de frustraciones y constancia la de Antonio…

Con la cabeza vendada, Antonio es conducido por soldados luego del atentado al asesino. El Mercurio, 15 de diciembre de 1914.

El artículo de prensa que relata estos sucesos por parte del Mercurio, lo pueden ver en los links que cito mas abajo (2) y (3). Aquí solo publico la entrevista en la celda que hace el periodista a Antonio. Su historia llegaba a su fin.. :
En una pieza de la guardia de la Fábrica de Cartuchos y sentado en el suelo, con las manos atadas por la espalda y las piernas aprisionadas por grillos, el hechor Ramón observa con actitud tranquila y resignada cuanto ocurre a su alrededor. En su cara, medio bronceada por el sol y la intemperie, se destacan sus ojos claros, pequeños y escrutadores (…):
– ¿Cuánto tiempo residías en Santiago?
– Más o menos tres meses. Anteriormente estuve en Valparaíso, trabajando en la Casa Molfino, y al presente estaba ocupado en ésta, en las obras del alcantarillado en los Arsenales de Guerra.
– ¿Tienes algunos amigos que te hayan aconsejado?
– Absolutamente ninguno. Procedí por mi cuenta. Un hermano mío murió en los sucesos de la Plaza Santa María en Iquique (sic) y ustedes comprenderán…
– ¿Y el veneno?
– Lo adquirí en la República Argentina, en mi último viaje que efectué en parte a pie, pero veo que me han engañado. La daga también la adquirí en la Argentina, y la he conservado siempre como arma de defensa, pero nunca la he empleado contra mis semejantes(2).
Sobre las demandas de los obreros, información en Wikipedia.
Sobre una breve biografía de Antonio Ramón Ramón, hay un artículo en Wikipedia que está basado en una separata de la revista chilena Acción Directa nº5.Notas:
(1) Comentario sobre la matanza de Iquique
(2) Santa María de Iquique, ¿crimen sin castigo? La venganza de Antonio Ramón
(3) A 90 Años de los Sucesos de la Escuela Santa Maria de Iquique.
(4) Comandancia de Armas de Tarapacá. N° 161. Iquique, 22 de Diciembre de 1907

Periódico anárquico El Amanecer

“Durante mi viaje a Chile en octubre de 2006, tuve la oportunidad de visitar las minas salitreras y la Escuela Santa María. Quedé impactado al conocer la historia de este horrible crimen, la peor matanza en la historia de los trabajadores de la cual tengo conocimiento.” Noam Chomsky(1)

Mugshot de Antonio Ramón Ramón

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De cuando la resistencia se vistió de Mujer en Chile

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De cuando la resistencia se vistió de Mujer en Chile

Hablar sobre el pasado reciente es, por decir lo menos, algo complejo porque nos lleva al dilema de lidiar con el pudor del testimonio para transformarlo en un documento histórico. 

Por Reinalda Escobar / 

 

Sabemos poco de la dictadura, tal vez no hemos querido ahondar mucho en el detalle represivo porque aún nos hiere. Nos manejamos en el gran titular: “violaciones a los Derechos Humanos”, “instalación del neoliberalismo”, “Pinochet”; “crímenes de lesa humanidad”. Se podría pensar que los más avezados habrán leído análisis sobre economía política y la transformación cultural, análisis que en su mayoría enaltecen las bondades del sistema.

 

Poco se sabe de la represión. Ustedes dirán… ¿y los Detenidos Desaparecidos? ¿Los Ejecutados Políticos? Sí, pero sabemos más de los familiares de desaparecidos, de los familiares de ejecutados que de quienes no sobrevivieron a las detenciones, a las torturas, al horror. Por ello, no es extraño que los combatientes antifascistas que sobrevivieron y coparon las prisiones durante la dictadura sean tratados hoy como los parias de la sociedad. Tienen una tarjeta PRAIS que les garantiza el acceso a una atención de salud en calidad de indigente, un prontuario que impuso barreras en su inserción a la vida laboral durante los primeros años de gobiernos post dictatoriales, la denegación de justicia permanente que les impide juzgar y castigar a sus torturadores, y nunca, nunca han recibido la justa reparación que les debiera entregar el Estado.

 Si los hombres que combatieron a la dictadura a través de las armas no han tenido el debido reconocimiento y respeto, mucho menos se podría hablar de la prisión política de las mujeres que combatieron frontalmente a la “dictadura de Pinochet”. Invisibilizadas en todos los relatos épicos, se ha anulado su rol en este período histórico y se les ha asignado, como ocurre siempre, el rol de la compañera, amante, hermana, hija, madre, amiga.

 

Por si existiera la peregrina posibilidad de que usted no se enterara, le advierto que hubo cientos de mujeres armadas que lucharon contra la dictadura, de distintas edades, olores, colores y tamaños. Y detrás de ellas, cientos de pequeños relatos de resistencia, de dignidad, de heroísmo, de fortaleza, de ingenio, de luces y de todo lo grande que las palabras no alcanzan a describir. Mujeres corajudas que aprendieron a usar un fusil, a manipular cargas explosivas, a meterse en los lugares más increíbles para sacar información, a participar de recuperaciones, a apuntar un arma sin vacilar, a saltar un muro, a dirigir a un destacamento. Mujeres que recibieron instrucción militar en un cerro del sur de Chile, en condiciones de precariedad extrema. Mujeres que tuvieron un destacado papel en acciones famosas, donde solo los compañeros han brillado. Mujeres que fueron alcanzadas por los tentáculos de los aparatos policiales, torturadas como solo se puede torturar a las mujeres, siempre consideradas botines de guerra para saciar el hambre de las bestias.

 

De muestra un botón: “…Llegar de noche temblando aún por el frío, los golpes, la tortura, el hambre y la sed, a una celda de incomunicación a la cárcel de San Miguel, sin saber si el resto seguía vivo, si la familia estaba bien, si no estarían torturando a mis padres, fue terrible. Pero supe que no estaba sola, porque a los pocos minutos, escuché unos cantos, eran voces de mujeres que desde el primer piso de la torre, entonaban las canciones de la resistencia chilena, lloré mucho. No fue de rabia, no fue de miedo, ni de impotencia, lloré porque esos cantos fueron un abrazo cargado de fuerza, un arrullo para saber que había sobrevivido…” (Extracto del testimonio de una ex prisionera política de San Miguel).

 

Estas mujeres transformaron la cárcel en otra trinchera de lucha. Sacaron comunicados para denunciar la represión, instaron a seguir con las organizaciones vivas, se pararon en sus dos pies para enfrentar la censura, el aislamiento, los castigos, los golpes y las amenazas de muerte de los gendarmes cada vez que exigieron ser tratadas como humanas. Defendieron la esperanza frente a todo y todos. Aprendieron a tejer, a armar arpilleras que contaban historias, a repujar el cobre, a diseñar el futuro, a pensar la libertad en poesía y en prosa. Mujeres que hicieron de la cárcel un centro de estudios, que nivelaron su educación básica, la Educación Media, que obligaron a Gendarmería a tomar la histórica decisión de abrir la primera sede para rendir la PAA al interior de la cárcel de San Miguel; que obligaron a Gendarmería a que por primera vez autorizara el ingreso de académicos para estudiar a distancia la carrera de sociología, lo que se concretó gracias al apoyo de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y de los profesores que debían soportar los allanamientos denigrantes para ingresar a dar la correspondiente cátedra, entre ellos Rodrigo Valenzuela.

 

Mujeres que, por tener tanta dignidad, decidieron apretar los labios y no conmutar sus penas de presidio perpetuo y de muerte por la pena de extrañamiento. Ninguna se fue al exilio desde la cárcel porque ninguna de ellas firmó la petición para ser expulsadas del territorio. Ninguna de ellas transó su consigna: “Libertad a todas y todos los prisioneros políticos en Chile”. Estas mujeres construyeron pequeñas comunidades al interior de las cárceles y se negaron a dividir las cucharas cuando sus líderes políticos se peleaban o se negaban unos a otros. Se forjaron como una sola y se hicieron grandes, fuertes, bellas, y parieron a sus hijos, a sus hijas, entre las rejas, y entre todas fueron una sola familia.

 

En este contexto, el libro de Vivian Lavín “Mujeres tras las rejas de Pinochet” pudo representar una esperanza de abrir los ojos a una investigación interesante, que nos pudiera tomar de las manos y guiar por los caminos de la fuerza y el estoicismo, de reposicionar el rol de la mujer combatiente, de tener la historia de la resistencia vestida de mujer con sus propios indicios, con su impronta, con sus devaneos, con sus anécdotas y con sus derrotas.

 

Sin embargo, fue triste leer un libro testimonial lleno de imprecisiones, con mentirillas que no eran tan blancas, un texto que no tuvo el valor de dar el salto para convertirse en un gran relato. Un libro que, según el presentador, Juan Pablo Cárdenas, “es un escrito a cuatro voces, la de la periodista que indaga, contextualiza y se estremece profundamente con lo acontecido cuando ella recién estaba en su etapa escolar”. Alguien más suspicaz podría pensar que en este libro la periodista no supo bien cómo excusar su rol en la lucha por la libertad y la democracia. Un libro que, según las propias voces de ex prisioneras políticas, dejó al descubierto la desprolijidad de la autora, la nula investigación de los hechos, la imprecisión de los sucesos que relatan las entrevistadas y la relevancia de situaciones que no lograron graficar lo que fue realmente la vida de las mujeres combatientes en las prisiones de Pinochet. La autora denota en su libro una falta de compromiso para develar una historia que ha sido ocultada ex profeso, porque esta sociedad patriarcal siempre castiga y entierra a las osadas, a las que se atreven a cruzar los límites.

 

A Vivian Lavín le faltó la rigurosa ternura para descubrir a las combatientes que sobrevivieron a la tortura y a las prisiones. El libro retrata a tres mujeres que pasaron por las cárceles de Pinochet, en medio de testimonios tartamudeados, pero no logró tocar sus vidas ni las vidas de esas locas, disparatadas, brujas, luminosas, desalmadas mujeres que lograron sobrevivir al horror.

Referencia

“Mujeres tras las rejas de Pinochet”: Libro recoge testimonios de presas de la dictadura

Rodrigo Alarcón |Lunes 22 de junio 2015 

7b Vale (1)

 Libro de Ediciones Radio Universidad de Chile, en el que la periodista Vivian Lavín rescata la historia de Valentina Álvarez, Gina Cerda y Elizabeth Rendic.

Los testimonios de Valentina Álvarez, Gina Cerda y Elizabeth Rendic dan vida a Mujeres tras las rejas de Pinochet, nuevo libro de Ediciones Radio Universidad de Chile

A través de entrevistas realizadas por la periodista Vivian Lavín, el volumen cuenta la historia de sus tres protagonistas: sus vinculaciones al MIR y el FPMR, las circunstancias en que fueron detenidas, las vidas que llevaron en la cárcel y los interrogatorios a los que eran sometidas. Asimismo, retrata la reconstrucción de sus vidas que deben enfrentar al salir de la cárcel, en un país muy distinto al que habían conocido.

Según explicó Vivian Lavín en el programa Semáforo de Radio Universidad de Chile, el proyecto nació como una idea de las mismas protagonistas e involucraba a más ex prisioneras políticas. Más tarde, ella se unió para construir un relato “a cuatro voces”: “Finalmente fueron tres las que perseveraron en la idea de hacer un libro, porque se requiere mucho arrojo. Estas son historias que son como cuento viejo, como decimos en Chile. ¿Para qué, a esta altura, empezar a recordarlas? Se trata de personas que tuvieron un compromiso político importantísimo, que les cambió su vida al punto de haber pagado no solo con la represión y tortura, sino que con la cárcel durante largos años, y cuando salen de la cárcel están en otro país”, dijo.

Vivian Lavín explicó además que al interior de la cárcel se reflejaban las diferencias que existían entre los distintos partidos o movimientos a los que pertenecían las personas que estaban presas.

Sin embargo, la historia de estas tres mujeres es la de una amistad que se sobrepuso a esas discrepancias políticas: “Ellas tres tienen vidas muy distintas. Una llega a la cárcel siendo doctora, otra era una estudiante que desde el mismo liceo se sintió llamada por el compromiso político y una tercera no tenía militancia, pero sí un compromiso social, con los pobres. Lo que me llamó la atención es cómo ellas forjaron una amistad dentro de la cárcel. A pesar que ahí había un sectarismo y se divisan las barreras partidistas, las mujeres logran crear lazos y se forja una amistad para toda la vida”, indicó.

relacionado

Vuelan las plumas. Entrevista

 

 

Argentina: 1972-22 de Agosto-2016

Analisis y reflexiones desde la generación sobreviviente

Red Latina sin fronteras

____22 de agosto -Masacre de Trelew 2

Argentina. 1972-Agosto-2016

Por Nechi Dorado

Muchas veces la memoria cuando siente vergüenza se esconde en el olvido y eso es algo que no debemos ni podemos permitir.

Somos sobrevivientes de una generación diezmada, donde el “no te metás”, “yo no vi nada”, “en algo andarían”, “los argentinos somos derechos y humanos”, “el silencio es salud”, pasaron a conformar una constante que marcaba la peor de las tendencias. Para ello se fue haciendo uso de la complicidad del silencio, valiéndose del miedo, y hasta de la indiferencia, apoyada por el sempiterno individualismo que poco favor le hace al género humano.

Sin este último concepto no hubiera sido posible que el Terrorismo de Estado sentara sus bases manipulando una de  las situaciones más brutales, más vergonzosas de que da cuenta nuestra historia.

No obstante y a pesar de la instalada Teoría de los dos

demonios (instalada y no inocentemente) existimos quienes nos…

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Relatando la memoria: ser del MIR y sobrevivir en dictadura

Mario Amorós entrevista a Pedro Cardyn

Verdeolivo

    Nos enfrentamos a una dualidad entre memoria y olvido. Una contradicción entre esta memoria histórica que se expresa en los relatos de Cardyn y el olvido que se expresa en los discursos del Chile actual. Por lo que develar la memoria histórica es, en sí mismo, una lucha política, esperando que lo que hagamos y lo que podamos proyectar en conjunto tenga algún significado y efecto en las relaciones sociales, en nuestros pueblos adormecidos por la ideología neoliberal.

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Relatos de mujeres. Los 70 de Paine.

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PUBLICACIONES MAYO 2014

Relatos con historia, testimonios de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados de Paine

por y

Relatos con historia, testimonios de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados de Paine, es una serie de librillos testimoniales que recogen la experiencia y visión de las mujeres miembros de la Agrupación familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados de Paine (AFDDyE), en tanto madres, esposas, hijas y hermanas de los 70 hombres hechos desaparecer y ejecutados luego del golpe militar de 1973 en ese lugar de Chile. Se presenta en ellos el relato de lo ocurrido desde la perspectiva de estas mujeres y el impacto que tuvo en sus vidas, así como las acciones que ellas emprendieron la búsqueda de verdad y justicia.

Los relatos fueron recogidos a través de entrevistas grupales e individuales hechas por las investigadoras de Germina Carolina Maillard y Gloria Ochoa, desde el año 2011 al 2013.-

La realización de este trabajo contó con el apoyo de la Corporación Memorial Paine, la AFDDyE de Paine y el patrocinio del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior.

ARCHIVOS ADJUNTOS

Librillo_mosaicos (pdf)Librillo_mosaicos Testimonio_Sonia Carreño Saldias (pdf)Testimonio_Sonia Carreño Saldias Testimonio_Silvia Vargas Barriento (pdf)Testimonio_Silvia Vargas Barriento Testimonio_Sara Ramirez Guajardo (pdf)Testimonio_Sara Ramirez Guajardo Testimonio_Sara Duarte Reguera (pdf)Testimonio_Sara Duarte Reguera Testimonio_Olga Lizama Calderó (pdf)Testimonio_Olga Lizama Calderó Testimonio Maria y Veronica Gonzalez (pdf)Testimonio Maria y Veronica Gonzalez Testimonio_Margarita Nilo Suazo (pdf)Testimonio_Margarita Nilo Suazo Testimonio_Luz Castro Cordova (pdf)Testimonio_Luz Castro Cordova Testimonio_Lucrecia Céspedes Cespedes (pdf)Testimonio_Lucrecia Céspedes Cespedes Testimonio_Juana Leyton Aliaga (pdf)Testimonio_Juana Leyton Aliaga Testimonio_Juana Lazo Gonzalez (pdf)Testimonio_Juana Lazo Gonzalez Testimonio_Isabel Lazo Maldonado (pdf)Testimonio_Isabel Lazo Maldonado Testimonio_Guacolda Araya Mondaca (pdf)Testimonio_Guacolda Araya Mondaca Testimonio_Graciela Tamayo Romero (pdf)Testimonio_Graciela Tamayo Romero Testimonio_Flor Gonzalez Soto (pdf)Testimonio_Flor Gonzalez Soto Testimonio_Clemencia Chávez Silva (pdf)Testimonio_Clemencia Chávez Silva Testimonio_Carolina Oyarzo Solís (pdf)Testimonio_Carolina Oyarzo Solís Testimonio Ana Maria Gonzalez Alicia Santander (pdf)Testimonio Ana Maria Gonzalez Alicia Santander Testimonio Amparo Gaete Becerra (pdf)Testimonio Amparo Gaete Becerra

Libros de Memoria Libres: “Después de la Lluvia: Chile, la Memoria Herida”

En “Después de la lluvia. Chile, la memoria herida”, 86 testimonios, tan humanos con desgarradores, nos recorren la tragedia sufrida por este país desde el 11 de septiembre de 1973 hasta diciembre de 1978, los años más duros de la represión de Pinochet que duraría 17 largos años. 3.197 personas serían asesinadas según los datos oficiales y centenares de miles partieron al exilio.

REVISTA ESPIRAL

Por Colextivo x la Memoria

Texto de Pascual Serrano

Fuente: http://www.pascualserrano.net/libros/un-libro-que-aporta-mas-justicia-a-chile-que-todos-los-juzgados-chilenos-y-espanoles/

imageLa dictadura chilena se ha presentado con trágicas cifras de muertos, desaparecidos, torturados, encarcelados… Se han detallado escalofriantes escenas de represión y masacres. Se han aportado pruebas y más pruebas de ese periodo ominoso de Chile y de la responsabilidad de Pinochet y su ejército en el genocidio. Pero teníamos la sensación de que faltaba algo, la voz y los testimonios de las familias de las víctimas. Es verdad que se habían recogido declaraciones, reacciones y denuncias, pero más por motivos procesales y judiciales que humanos. En el libro Mario Amorós “Después de la lluvia. Chile, la memoria herida”, los familiares y sus seres queridos y asesinados son los protagonistas. Ellos son el mejor sumario, la mejor imagen de los sucedido en Chile desde el 11 de septiembre de 1973 hasta diciembre de 1978.

Normalmente los historiadores y los periodistas…

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Libros de Memoria Libres (Papá no va a llegar, porque está trabajando en el norte)

En nuestra Sección Libros de Memoria Libres, les dejamos este segundo aporte, que esperamos puedan leer y compartir. Se trata del libro “Papá no va a llegar, porque está trabajando en el norte” Memorias y epistolario de un preso político comunista y su familia en Chile, de Rolando Álvarez.

REVISTA ESPIRAL

Por Colectivo x la Memoria

En nuestra Sección Libros de Memoria Libres, les dejamos este segundo aporte, que esperamos puedan leer y compartir. Se trata del libro “Papá no va a llegar,  porque está trabajando en el norte” Memorias y epistolario de un  preso político comunista y su familia en Chile, de Rolando Álvarez.

papanovaallegar

El origen de este libro se remonta al verano de 2011, cuando Rolando Álvarez Araya, luego de leer un nuevo texto sobre las experiencias de un preso político en los meses posteriores al golpe de Estado de 1973 en Chile, decidió que debía dejar en claro su propia experiencia. Algunos de sus cinco nietos habían crecido y conocían fragmentos de los derroteros de su abuelo en los campos de concentración de la dictadura. Por su parte, los más pequeños pronto estarían en edad de querer conocer la historia de su Tata. Según sus propias palabras, su deseo de…

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PENÚLTIMO INFORME Memoria de un exilio

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19 noviembre 2013   – por Carlos Orellana ULTIMOs INFORMES…

Carlos Orellana - PENÚLTIMO INFORME - Memoria de un exilioCarlos Orellana
PENÚLTIMO INFORME
Memoria de un exilio

Un libro electrónico
Nueva edición corregida y aumentada. Licencia Creative Commons CC-BY-NC-ND

A una reunión de exiliados chilenos en Francia llega un importante dirigente para discutir temas de organización y accion politica. Estamos en 1986, en los inicios del “año decisivo” para el derrocamiento de Pinochet. Lo que está ocurriendo es tan importante —comenta el enviado— que de seguro alguno de los presentes escribirá mañana sobre esto.

Diecisiete años después, Carlos Orellana entrega este Penúltimo informe que recoge en cierto modo el vaticinio. Es así como esta obra rememora especialmente el exilio militante. Pero distintas líneas se entrelazan en este relato singular. Desde la aventura personal y la historia interna de la revista Araucaria de Chile hasta el curso lento y complejo del cambio sociocultural y político en Europa y el mundo entre los años setenta y ochenta del siglo pasado.

Terminaba el corto siglo XX, de que habla Hosbawm y aún no comenzaba, plenamente, el siglo XXI. La historia se mueve en ese lapso como en el limbo mientras desciende una grisácea atmósfera que invalida las utopías. La postmodernidad reclama hegemonía. Son años, los iniciales al menos, que parecen abrir caminos que, finalmente, se cierran. También para Chile. Triunfos revolucionarios en Vietnam, Etiopía y Nicaragua son pausas engañosas en un curso descendente. Los oídos finos perciben ruidos en las estructuras en aparencia sólidas del socialismo que encabeza la Unión Soviética. Anuncian un derrumbe que nadie sospecha entonces. Las religiones tambalean, y formas oscurantistas y represivas se asemejan a los orígenes del nazismo, que se unen a la unipolaridad arrasadora.

Hombre de cultura, Carlos Orellana, de larga y reconocida trayectoria como editor, narra con facilidad e inteligencia. En pocas palabras, aprisiona lo esencial de personajes y situaciones. Dirigentes y militantes no son las figuras principales. Lo son personas corrientes iluminadas por la amistad o el amor.

Penúltimo informe. Memoria de un exilio – Carlos Orellana
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Carlos Orellana - INFORME FINAL - Memorias de un editorCarlos Orellana
INFORME FINAL
Memorias de un editor

Un libro electrónico
Nueva edición corregida y aumentada. Licencia Creative Commons CC-BY-NC-ND

… En caudalosa narración, el autor da cuenta de múltiples aspectos de su vida, antes de que surgieran en ésta los hechos que lo llevarán a descubrir su vocación por el oficio de editor. Su llegada a Chile a los doce años, la dureza del enfrentamiento de su familia con el país de acogida, el decisivo descubrimiento en el Instituto Pedagógico del mundo de la cultura, de la política y, sobre todo, de las amistades fundamentales. Cruciales son los años de trabajo en la Editorial Universitaria y en la Universidad Técnica del Estado y el largo exilio en Francia y España. Finalmente, en la filial chilena de Planeta, acaso los años más significativos o visibles de su trayectoria como editor.

Informe final. Memorias de un editor se lee como si fuera una novela. Reúne algunas de las cualidades del género: fluidez narrativa y tensión dramática. El deliberado juego con los tiempos permite insertar los hechos en un iluminador plano histórico—cultural y en un perfil determinante del mundo del libro en Chile. Desfilan en estas páginas numerosos personajes; no son los únicos, pero sí los principales, los escritores: Pablo Neruda, Nicanor Parra, De Rokha, Coloane, Volodia Teitelboim, Lihn, Jorge Teillier, Lafourcade, Germán Marín, José Miguel Varas, Luis Sepúlveda, y un nutrido plantel de autores de la llamada Nueva Narrativa Chilena.

Este libro recibió el premio Escrituras de la Memoria 2007, el más significativo en su género que otorga en Chile el Consejo Nacional del Libro y la Lectura.

Informe final. Memorias de un editor – Carlos Orellana
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Algunos derechos reservados
Creative Commons CC-BY-NC-ND
Bienes comunes creativos

El tres letras. Historia y contexto del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Revista Electrónica Iberoamericana ISSN: 1988 – 0618
http://www.urjc.es/ceib/ Vol. 7, nº 2. 2013
1
SALINAS, Sergio: El tres letras. Historia y contexto del Movimiento de
Izquierda Revolucionaria (MIR). Santiago de Chile, RIL Editores, 2013, 361
págs.
La violencia política ha estado presente durante toda la historia de América
Latina. Desde las guerras de independencia que les dieron origen, todos los Estados
latinoamericanos la han experimentado en alguna de sus modalidades (guerras civiles,
insurrecciones populares, golpes de Estado, etc.), como un instrumento político válido.
En la década de 1960 se instaló con fuerza en algunos sectores de la izquierda
latinoamericana la creencia de que la vía armada era el único camino para alcanzar el
poder y realizar las grandes transformaciones estructurales que estas sociedades
necesitaban.
Con este libro sobre el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile,
Sergio Salinas continúa una interesante línea de investigación que ha venido
desarrollando desde hace varios años sobre a la violencia política en Latinoamérica, en
la que busca incorporar la comprensión de los aspectos subjetivos de quienes
emprendieron la lucha armada en las décadas de 1960 y 1970. No se pretende aquí
abarcar la historia completa de este partido, sino que utilizarlo como un caso de estudio
para abordar una temática mayor: la del imaginario de la lucha armada en América
Latina en la segunda mitad del siglo XX.
El libro de Salinas apunta a un objetivo más complejo, que es profundizar en la
racionalidad de la violencia política, entendiendo que esta no es simplemente una
expresión de irracionalidad sino que adquiere sentido bajo ciertas visiones de mundo.
Para el autor lo importante es entender las racionalidades de los actores (individuales y
colectivos) y del propio conflicto, para lo cual es necesario, como él afirma, “superar las
perspectivas maniqueas, de los buenos y los malos, y pensar integralmente los
problemas de la sociedad y relacionarlos con los conflictos” (20). Es decir, la violencia
política debe ser analizada a partir de sus vinculaciones con otras dimensiones políticas
y socioculturales (literatura, cine, ciencia, etc.). Esto permite entender mejor que
quienes han apostado por dicha alternativa lo hacen bajo un contexto sociocultural que
le da sentido.
Un segundo aspecto a destacar del libro es la apuesta del autor por realizar una
“historia social comprensiva”, que no solo busca conocer las causas estructurales de la
violencia política armada en Chile, sino que también incorpora la dimensión subjetiva
de la acción social para entender la manera en que se construyeron los sentidos que
orientaron la acción de los militantes del MIR. El autor asume que la Historia no solo
debe dar cuenta de las condiciones materiales de las sociedades y épocas que aborda,
sino que también de las subjetividades de los individuos, para lo cual recurre a métodos
interpretativos y comprensivos que permiten dar cuenta del universo mental de los
sujetos, de sus creencias e intenciones.
Para esta búsqueda de los sentidos subjetivos el autor enmarca su investigación
dentro del campo de los estudios sobre memoria social como visión analítica para
interpretar las luchas y conflictos entre las diferentes versiones del pasado; las
relaciones que se tejen entre pasado, presente y futuro, y las relaciones que se establecen
Revista Electrónica Iberoamericana ISSN: 1988 – 0618
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entre pasado e identidad. Este uso de la memoria social resulta muy interesante, ya que
permite desarrollar una historia política que no está centrada únicamente en los grandes
líderes, sino que también en las personas comunes y corrientes que, desde distintos
perfiles sociales, compartieron ese ideario de la política armada. Para esto, el autor
recurrió a fuentes escritas (documentos políticos y publicaciones del MIR) y, además, a
fuentes orales recogidas mediante entrevistas estructuradas a diversos tipos de
militantes de la época, las que le dan una especial riqueza a la investigación.
El libro está estructurado en cinco capítulos. Los tres primeros analizan los
contextos en los cuales se origina el MIR, tanto a nivel global como también regional y
nacional. En los dos siguientes capítulos, el autor se centra en el partido, describiendo
sus orígenes y primeros años de desarrollo para, posteriormente, en el último capítulo
analizar el proceso de radicalización ideológica que llevó a muchas personas a militar
en él.
En el primer capítulo, “Los hitos históricos: los hechos portadores de futuro”, se
analiza el contexto global, resaltando los procesos que, a juicio del autor, tuvieron
mayor influencia en el surgimiento de una Nueva Izquierda Revolucionaria (NIR).
Salinas analiza aquí diversos fenómenos sociales que alteraron no solo las relaciones
internacionales, sino que también la vida cotidiana en muchas regiones del mundo.
Entre los distintos hitos analizados encontramos la estrategia de política internacional
estadounidense (Alianza para el Progreso y la Estrategia de Seguridad Nacional), la
crisis del estalinismo en la URSS, el surgimiento del llamado Tercermundismo y las
revueltas estudiantiles en distintas partes del mundo, entre otros. Sin embargo, cabe
destacar dos hitos: el surgimiento durante la década de 1960 de la Teoría de la
Dependencia y de la Teología de la Liberación. Quizás el único elemento que se extraña
en este gran marco es la descripción de la NIR en Europa, donde también surgieron
diversos grupos que propugnaban la lucha armada.
El segundo capítulo, “El contexto regional: la revolución llega a Latinoamérica”,
analiza el fuerte impacto que significó la Revolución Cubana y el foquismo guevarista
en el surgimiento de una NIR en América Latina, que da origen a diversos movimientos
guerrilleros a lo largo de toda la región, presentándose un interesante repaso de las
principales experiencias de guerrilla en la década de 1960. Para el autor, la ruptura que
la NIR establece respecto de la izquierda “tradicional” se debe no solo a un debate
ideológico, estratégico y táctico entre ambas izquierdas sobre el uso de la violencia
política, sino que también al desarrollo de un nuevo discurso en el que la violencia
aparece como inherente a lo político, generando incluso un nuevo imaginario simbólico.
En el tercer capítulo, “El contexto nacional”, el autor se adentra en la situación
de un Chile que en la década de 1960 estaba experimentando profundos cambios, tanto
políticos como socioculturales, y que constituyeron elementos impulsores en el
surgimiento del MIR. Salinas apuesta aquí por complejizar el análisis histórico, no
limitándose a describir únicamente las tensiones del sistema político sino que
incluyendo también los procesos que estaban sucediendo en otros ámbitos de la
sociedad, como las grandes transformaciones sociales de la época (migración campociudad,
marginalidad urbana, etc.); los cambios en el mundo universitario e intelectual y
el impacto en el mundo católico chileno del concilio Vaticano II, entre otros. La
vinculación de todos estos ámbitos le permite al autor reflejar la tensión que vivía el
conjunto de la sociedad chilena de la época y que presionó por la búsqueda de nuevas
vías para transformar la estructura social.
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Los dos siguientes capítulos se centran ya propiamente en el MIR. El cuarto
capítulo, “Subjetividades y contextos. La formación del imaginario político en el MIR”,
describe el surgimiento e inicios del partido; su compleja relación con el gobierno de la
Unidad Popular y, posteriormente, su reacción al golpe de Estado de 1973. Uno de los
aspectos más interesantes del capítulo es la descripción del proceso de confluencia de
diversas vertientes políticas (trotskistas, sindicalistas de tradición anarquista, ex
militantes socialistas y comunistas y otros pequeños grupos de tendencia
revolucionaria) que apostaban por la “acción directa” y la “insurrección popular
armada” en contraposición a la estrategia electoral que defendía la izquierda comunista
y socialista. Con esto, el autor no solo da cuenta de que el MIR hunde sus raíces en
diversos sectores de la izquierda chilena, sino también que ocupó un lugar estructural en
el sistema político aglutinando a quienes desconfiaban de la capacidad del sistema
democrático para no llevar a cabo una transformación profunda de la sociedad.
El quinto y último capítulo, “Subjetividades: de la radicalización ideológica a la
radicalización política en el MIR”, es el que tiene la apuesta teórica más interesante del
libro, ya que busca entender el proceso de radicalización política que experimentaron
los diversos militantes que conformaron este partido revolucionario, y que llevó a
muchos de ellos a constituirse en cuadros político-militares de tiempo completo,
sacrificando otros ámbitos de su vida. El autor busca “reconstruir el proceso de
aprendizaje ideológico-político que dio lugar a la identidad política revolucionaria”
(279). Para esto recurre a las entrevistas y a las memorias escritas de diversos tipos de
militantes (desde un fundador como Pascal Allende hasta quienes eran simples
militantes de base), como una forma de rastrear dicho proceso de radicalización política,
abarcando desde los inicios de la militancia (lo que llevó a cada uno a optar por entrar al
MIR y asumir sus exigencias) hasta los aspectos ideológicos, morales e, incluso,
estéticos que motivaban dicha vinculación.
Entre los diversos aspectos que resaltan en este capítulo, uno de los más
interesantes es el proceso de radicalización del mundo católico que no encuentra en la
institucionalidad eclesiástica los cauces para expresar su preocupación. Este fenómeno
queda muy claro a partir de muchos de los casos presentados. Como plantea Salinas, el
MIR fue capaz de entregarle a muchos de ellos un paradigma, una cosmovisión, desde
el cual pudieron resignificar sus valores e ideas políticas prerrevolucionarias, creando
un sentido de pertenencia y una visión mesiánica en la cual la lucha revolucionaria se
asimila a la promesa de la redención social y de un sacrificio heroico por la causa.
El libro de Salinas nos ayuda a entender cómo la acción política se sustenta en
“imaginarios” que si bien pueden ser difusos y fragmentados logran proporcionar un
sentido a la violencia política. Tal como describe el autor, la elaboración de un
imaginario no es un producto elaborado conscientemente, sino más bien una compleja
confluencia de múltiples factores en la que participan muchos actores. En el caso del
MIR confluyen diversos elementos que si bien pueden parecer muy disímiles, como las
preocupaciones cristianas, la estética guevarista o los escritos revolucionarios
vietnamitas, entre muchos otros, terminan creando una visión de mundo que solo
posteriormente se solidifica en un corpus ideológico que fundamenta la lucha política
armada.
Esta noción de imaginario como sustento de la acción política permite
cuestionarse diversos temas relacionados con la violencia política. Por ejemplo, el rol de
los intelectuales en los procesos revolucionarios. En la tradición marxista estos ocupan
una función central como creadores de la ideología que va a orientar la acción, pero en
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el caso del MIR vemos que si bien la intelectualidad (representada en los teóricos de la
dependencia) cumple un rol relevante, es solo uno más de muchos factores igualmente
importantes.
Para concluir, podemos decir que como en toda buena investigación, tras leerla
surgen nuevas preguntas que motivan a ampliarla. Sería muy interesante plantear una
perspectiva comparativa con otros partidos de izquierda en esa misma época, en
particular respecto a la reflexión sobre el sentido de la violencia política. Por otra parte,
también sería muy importante ampliar este análisis a otros actores de la violencia
política, porque, hay que decirlo, en esos años no solo es la Nueva Izquierda
Revolucionaria la que reivindica la violencia armada como herramienta política, sino
que también las Fuerzas Armadas latinoamericanas, las que no solo reaccionaron de
manera “defensiva”, sino que le dieron un sentido político a su violencia.
Por Sebastián Monsalve E.
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